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Bienvenido al foro. Me han gustado mucho tus Sextinas. Tampoco soy entendida en ellas, sin embargo sí he podido ver que tienen muy buena estructura, rima y mensaje. Hay originalidad en su concepción.
Te dejo un abrazo,
mi deseo de que te encuentres a gusto en este foro
y...
mis felicitaciones
Ana
Buenas noches Ana, muchísimas gracias por haberte tomado el tiempo para la a lectura y por la bienvenida,
Saludos!
Bienvenido a los foros de la Academia de Poesía Alaire, amigo Diego. Es un placer tenerte entre nosotros; esperemos que esta plataforma literaria sea de tu gusto.
Comencemos apuntando que la sextina es una de las formas estróficas más difíciles de la poesía, no tanto por la complejidad de su esquema combinatorio como por la obligación de mantener vivo el significado durante treinta y nueve versos utilizando siempre las mismas seis palabras finales.
Probablemente, la sextina llega a adquirir un tono obsesionante y fantasioso precisamente porque esas palabras regresan una y otra vez bajo perspectivas distintas. La dificultad, por tanto, no consiste en respetar un esquema, sino en impedir que la repetición se convierta en monotonía.
Desde esa perspectiva, tu propuesta resulta especialmente interesante. No modifica el orden permutativo tradicional de la sextina, sino que añade un segundo sistema de recurrencia. A las seis palabras finales incorpora un segundo eje léxico situado, de forma constante, en la séptima sílaba de cada endecasílabo. La consecuencia es que el poema queda sometido a dos mecanismos simultáneos de cohesión: uno visible, heredado de la sextina clásica, y otro interior, mucho más discreto, que actúa sobre el corazón rítmico del verso.
La elección de la sexta como sílaba axial del primer conjunto no parece arbitraria. En el endecasílabo castellano constituye uno de los apoyos rítmicos fundamentales (la silaba axial de los versos es siempre la penúltima, salvo en los versos compuestos , que es la última de cada hemistiquio). Al fijar ahí un segundo elemento recurrente, no solo duplicas la restricción léxica, sino que refuerzas la arquitectura rítmica del poema. Desde el punto de vista de la teoría métrica, esta decisión posee bastante más interés que si el segundo eje hubiera recaído sobre una posición cualquiera del verso.
Ahora bien, la principal cuestión que plantea esta variante no es su dificultad, sino su rendimiento expresivo. En la sextina tradicional, la repetición terminal genera una sensación de retorno continuo que el lector percibe de manera casi inconsciente. El segundo eje, en cambio, pasa mucho más desapercibido durante una lectura ordinaria. Esto abre una cuestión crítica muy sugerente: ¿basta con que una restricción formal organice el proceso de escritura o conviene que también produzca un efecto reconocible en la recepción del poema? Es una pregunta que quizá solo pueda responder el desarrollo de futuras sextinas biáxicas.
Hay, además, un aspecto que me parece especialmente prometedor. El sistema admite un enorme margen de desarrollo. Si el doble eje demostrara ser fértil, no estaríamos simplemente ante una nueva variante de la sextina, sino ante una nueva familia de formas combinatorias: distintos metros, distintas posiciones del eje interior o incluso más de dos ejes podrían explorarse manteniendo intacto el principio estructural.
Por otro lado, me parece importante distinguir entre dificultad y valor poético. La historia de la poesía demuestra que las grandes innovaciones métricas no perduran por ser más complejas, sino porque generan nuevas posibilidades expresivas. La Sextina Biáxica será realmente una aportación si ese segundo eje consigue hacer algo que la sextina tradicional no podía hacer, y no únicamente si añade un grado más de exigencia técnica. Precisamente ahí reside, a mi juicio, el verdadero interés de la propuesta.
Finalmente, decir que los 3 versos que señala el amigo Ricardo en la estrofa IV, según la métrica tradicional sí que son endecasílabos, si bien, les has aplicado una licencia que se llama sinéresis, que consiste en la unión en una sílaba métrica de dos vocales pertenecientes a la misma palabra y que por naturaleza no forman diptongo. Es cierto que muchos autores consideran la sinéresis como una simple reducción; otros, por ejemplo, Ricardo Jaimes Freyre, la consideran rechazable por suponer ignorancia prosódica del autor, y abundan en que no hay verso bueno con sinéresis. Por mi parte, nunca aconsejo el uso de las licencia métricas porque, entre otras cuestiones, desajustan el ritmo, pero no soy tan drástico como el bueno de Jaimes Freyre.
Ha sido un placer comentarte este trabajo estilístico tan complicado, Diego.