Murmuration
Juana voló entre olas de fuego.
"Primero Sueño
Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las estrellas;
si bien sus luces bellas
exentas siempre, siempre rutilantes,
la tenebrosa guerra,
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra fugitiva
burlaban, tan distantes,
que su atezado ceño
que al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la diosa,
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,
quedando sólo dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,
sumisa sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan oscuras, tan graves,
que aun el silencio no se interrumpía;
con tardo vuelo, y canto, del oído
mal y aún peor del ánimo admitido,
la avergonzada Nictímene acecha
de las sagradas puertas los resquicios,
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios,
que capaz a su intento le abren brecha,
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama,
que extingue, si no infama
en licor claro, la materia crasa
consumiendo, que el árbol de Minerva
de su fruto, de prensas agravado,
congojoso sudó, y rindió forzado;
y aquellas, que su casa
campo vieron volver, sus telas yerba,
a la deidad de Baco inobedientes,
ya no historias contando diferentes,
en forma sí afrentosa transformadas,
segunda forman niebla,
ser vistas aun temiendo en la tiniebla,
a veces sin pluma aladas…
Sor Juana ines de la Cruz
Suspiró antes de lanzarse al abismo
y engulló mi último poema al mar.
En el cielo,
cientos de pájaros danzan entre dos mundos.
Ella desciende,
rasgando el aire con el zumbido de su plumaje.
Lleva versos en la sangre,
un suplicio recóndito.
Sin ataduras terrenales,
sus alas se quiebran contra la roca de la noche.
El viento reza al vacío.
El eco hace girar la cacofonía
de su vuelo huérfano.
Vuela, Juana, vuela,
tras el arco de las ramas perpetuas.
El tiempo ablanda el secreto de tus plumas.
Cae una y otra vez
sobre la onda de las horas exiliadas.
Graba el poema en el fondo del mar.
Por tu danza, los árboles aplauden;
la última rama tiembla.
¿De qué dependes ya,
sino de la nave del adiós?
E.R.Aristy
