Del Otro Lado de la Barra
Moderador: Hallie Hernández Alfaro
- Ana García
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- Registrado: Lun, 08 Abr 2019 22:58
Del Otro Lado de la Barra
El hombre de la camisa azul de pana que parece más mayor porque la alopecia se ha enamorado de su coronilla comienza a hacer un ruidito irritante con los cubitos de hielo de su café con leche.
El chico que maneja con igual facilidad la pluma, el cigarrillo y el café con el vaso de agua como si tuviera cuatro brazos bebe un sorbo y se da cuenta de lo ruidosa que es la gente y que el ruido del papel de periódico es diferente si se leen las noticias internacionales o la sección de cultura y espectáculos.
El hombre de la nariz romana y el café con leche aguado se da cuenta de que alguien está intentando imaginar su vida.
El chico de las gafas cuadradas y las manos manchadas de nicotina recoge los cuadernos y se dirige a la barra con una sensación de vacío en el pecho.
El hombre de la cabeza afeitada y el traje de Armani le mira salir del local y piensa que hay mucha gente rara en el mundo que es lo mismo que piensa el chico de la camiseta de Tintín mientras observa al hombre que se está quedando calvo.
El chico de la perilla al que hace dos años le regalaron una camiseta de Tintín que solo se pone cuando no tiene más ropa limpia se da la vuelta con un codo apoyado en la barra y se encuentra con la mirada de un amigo y le despeina el flequillo.
El chico del flequillo mira a su compañero de clase de Derecho pero no dice nada porque hace dos días se acostó con la novia del chico que ya no tiene más ropa limpia y que en ese momento tiene la bragueta del vaquero abierta dejando a la vista unos calzoncillos grises con corazones rojos.
Al chico que terminó Derecho pero que todavía no tiene trabajo le molesta la situación sobre todo porque su amigo le cae mejor que la novia y no sabe qué hacer así que se tira el café por encima para tener una excusa y poder irse.
Cuando está pagando el café que se ha tirado por encima el líquido traspasa su ropa interior y la tibieza le hace acordarse de la novia del chico de la bragueta desabrochada y se calienta y cuando sale del bar queda con ella para media hora después.
El chico cuyos padres están de viaje y no sabe poner una lavadora piensa que su amigo está chiflado o se ha metido algo pero no piensa que se va a tirar a su novia.
El hombre de la cazadora gris saluda a la chica que lleva gafas de sol porque se ha dado con una puerta y sabe que eso suena a excusa de mujer maltratada y no sabe decir nada mejor, así que lo oculta detrás de los cristales oscuros.
El hombre que lee el periódico y una vez vio cómo mataban a un caballo que se había roto una pata se siente solo porque está solo.
La chica a la que una vez la dijeron que tenía mirada de terciopelo se acuerda de que cuando tenía once años se perdió en tierra extraña y se le vuelven a llenar los pulmones de la misma angustia de entonces.
El camarero que odia su trabajo se da cuenta de todo lo sabe todo y lo intuye todo y por una vez en mucho tiempo se alegra de estar del otro lado de la barra.
- Julio Arroba
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- Registrado: Dom, 28 Jul 2024 2:00
Re: Del Otro Lado de la Barra
El camarero hace de eje, o «lector», de todo eso que los aglutina en aquel bar. Sus ojos —tan sensibles a sus oídos— son de un prisma capaz de atravesar a cada uno en el acto. No sabríamos decir si su pericia nace de la videncia o de la estadística.
Todo ocurre a la vez ante sus ojos; quizá de ahí parta en alguna medida el odio hacia su trabajo. Ve que los hombres se agostan repitiéndose, colmándose de los mismos hábitos en los mismos lugares y a las mismas horas. Ve que se fijan de tope sus placeres aislados; y así sus placeres, atenuados cada vez por la inevitable repetición, les hacen el mismo efecto de un fármaco para el sueño.
Pero, al final, el camarero sale de su estado de fascinación sabiéndose de la misma materia que sus clientes. Es decir, no hay en su actitud más que una cierta ironía respetuosa, un cierto conato de rebelión, por cuanto advierte que él mismo es una pieza más de ese cosmos miniaturizado, de ese tablero del que sabe que podría ser expulsado por la fuerza de alguna circunstancia indiferente a sus méritos, superior a su mirada curtida.
- Ana García
- Mensajes: 4107
- Registrado: Lun, 08 Abr 2019 22:58
Re: Del Otro Lado de la Barra
Julio Arroba escribió: ↑Jue, 12 Mar 2026 6:11 Cada parroquiano ahí descrito ameritaría un cuento propio, creo; cada uno de ellos se concibe, sin expresarlo explícitamente, centro de una historia más o menos con sentido.
El camarero hace de eje, o «lector», de todo eso que los aglutina en aquel bar. Sus ojos —tan sensibles a sus oídos— son de un prisma capaz de atravesar a cada uno en el acto. No sabríamos decir si su pericia nace de la videncia o de la estadística.
Todo ocurre a la vez ante sus ojos; quizá de ahí parta en alguna medida el odio hacia su trabajo. Ve que los hombres se agostan repitiéndose, colmándose de los mismos hábitos en los mismos lugares y a las mismas horas. Ve que se fijan de tope sus placeres aislados; y así sus placeres, atenuados cada vez por la inevitable repetición, les hacen el mismo efecto de un fármaco para el sueño.
Pero, al final, el camarero sale de su estado de fascinación sabiéndose de la misma materia que sus clientes. Es decir, no hay en su actitud más que una cierta ironía respetuosa, un cierto conato de rebelión, por cuanto advierte que él mismo es una pieza más de ese cosmos miniaturizado, de ese tablero del que sabe que podría ser expulsado por la fuerza de alguna circunstancia indiferente a sus méritos, superior a su mirada curtida.
Muy bueno este comentario.
La muerte por aburrimiento del camarero es cuando se da cuenta que da igual quien entre en el bar.
Las pasiones que visten a los protagonistas son siempre las mismas este año o dentro de diez.
Antes, hoy y mañana la originalidad brillará por su ausencia.
Y cuando todo se puede adivinar por sus poses comienza ese odio que apuntas.
Nada sorprende cuando las horas pasan con desgana.
Gracias, amigo mío, por llevarte el cero y regalarme un estupendo comentario.
Un beso.