No mires ahora.
Ella nace a nosotros.
Solo escucha cantar la noche
que ofrece la luna
sin sombras,
solo luces,
ojos candentes y una caricia
entre su ir y venir
su constante lucir.
Apenas miradas,
luciérnagas sobre manos de aire,
el viento en la espalda de la luz
sosteniendo amores, iras y decires
esperando la oración de la noche,
el suspiro anhelante del rostro de la amada,
el consejo del sabio,
la paz del taciturno
y el llanto del niño
que añora amantes brazos.
Palabras, emociones y tú…
A través de la niebla nocturna…
Todo pertenece a un mundo
que nos rodea de sombras libres
cubiertas de polvo estelar,
de sueños, modernos vestigios
y antiguas sospechas.
Y cuanto los velos ocultan y
aquello que nuestra alma puede tocar
en una noche de amapolas
y rocío,
aquello a lo que no podemos renunciar,
el suave tacto de la crisálida en tu mano
imbuida por cristalina mirada,
y el paso de la fulgurante centella,
son solo efímeros
reflejos de luz de luna
sobre el milenario cristal
donde reside el
secreto de la vida y,
los reflejos del Creador.
Pero, ¿quién ve esos reflejos?
© francisco Javier costa lópez