Poema dedicado a Carmela Viñas
Nada sucede
si no está escrito
en tu interior.
¿Eres tú él?
Querías conocer lo inexplicable
pero tus dudas
trajeron el eco,
el lamento infinito
de aquella arpa que cantaba los días
de irremediable vacío.
Caen los primeros copos.
La noche calla su fulgor.
Él, mira entre cristales
la nada bajo las farolas,
el palpitar de trémulas manos.
Surge la pasión, el silencio.
El vaho en los ventanales
transforma la vida en
sueños del más allá.
Se desvanece la nieve
fugazmente,
sola.
Y como un impulso,
aquel corazón raído
por cálidos témpanos,
parece reventar
ante la emoción de tocar
lo divino,
lo que era,
lo que fue.
Un hombre moría
ante el puente de madera
que nunca pudo cruzar,
ante la luz
que nunca pudo comprender,
ante la vida
que nunca pudo vivir.
Caía la nieve, lentamente
y el puente, la luz y la vida
se transformaron en el blanco manto
de un sueño eterno.
© francisco Javier costa lópez