Rafel Calle escribió: ↑Dom, 28 Dic 2025 12:12
En Embustero, Ana García no se escuda con la forma. Elige la prosa versicular porque necesita espacio para pensar, para enumerar, para volver una y otra vez sobre el mismo gesto: la mentira como costumbre, como recurso, como manera de estar en el mundo.
La prosa versicular (versículos) es una opción muy parecida al verso libre, porque se puede dividir es espacios rítmico-sintácticos que no tienen nada que envidiar a lo que serían versos, pero que no se pueden llamar versos, aunque sean cortos, medianos, largos..., porque no cuentan con la limitación de la pausa versal. Esta circunstancia hace de los versículos la forma más libre que existe para escribir un poema.
Y, bueno, vayamos a los decires; lo que más me llama la atención es que aquí no hay un mentiroso de trazo grueso, sino alguien reconocible, casi cotidiano. Se miente para engrandecerse o empequeñecerse, para protegerse o para herir, para no ayudar, para no aburrirse. Incluso se dice la verdad cuando conviene. Esa alternancia constante entre verdad y mentira, según el día y el ánimo, está retratada con una lucidez que no juzga, pero tampoco disculpa.
El poema acierta al mostrar que la mentira no siempre es ruido: a veces es pose, cálculo, una manera de construir un personaje que termina creyéndose su propio papel. Y sin embargo esta prosa versicular no se queda ahí. Hay un momento clave en el que aparece el amor sincero, correspondido, vivido con una intensidad real. Durante un tiempo, todo parece funcionar. Hay piel, hay vuelo, hay cercanía. Y eso es lo que hace que la caída posterior resulte más honda.
El final es especialmente hermoso por su contención. No hay reproches ni dramatismo excesivo, sino una sucesión de ausencias muy concretas: el folio, la sal, la toalla. Pequeñas cosas que hablan de una intimidad perdida. Las mentiras no se rompen de golpe; se deshacen. Y lo que queda ya no abriga.
Quizá lo más triste —y lo más verdadero— sea ese último pensamiento: creer que aún se podría mentir de nuevo, como antes, y descubrir que ya no hay fuerzas para hacerlo. No por falta de ganas, sino por cansancio. Porque el cuerpo, la conciencia y el deseo ya no levantan vuelo.
Embustero es un poema inteligente y cercano, que mira la mentira sin aspavientos y sin superioridad moral; finalmente, no se pierde solo al otro: se pierde algo propio, y eso es lo que más duele.
Vaya mi enhorabuena, querida amiga y admirada colega Ana, con el deseo de que tengas un 2026 pleno de felicidad y con mucha salud.
Un fuerte abrazo.