Ojos humillados, piel a punto de quebrarse,
palabras que no acaban de decirse,
portales nocturnos donde no amanece:
das todo por nada.
Tú eres la solución maravillosa,
la anestesia, el remedio alcanzable
frente al peso de la realidad.
Después de ti nunca he estado tan bien.
Caballo desbocado,
imágenes que sueñan otra luz,
puertas del cielo abiertas al infierno,
te busco en vasos vacíos,
en las calles menos iluminadas,
en canciones que no terminan.
Todo por nada, una y otra vez.
Ellos quieren nuestra sangre,
mantenernos danzando, dóciles,
entre luces de neón y serpientes
al son de su tambor.
El cielo se equivoca de puerta,
el infierno bosteza,
y tú, sumiso, cada noche,
buscas el paraíso prometido
por un tamborilero.