El verso libre

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Francisco Lobo
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El verso libre

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Laforgue y Kahan crean el verso libre entre 1885 y 1887. Las leyes básicas que rigen para este tipo de verso son:
1º.- Debe tener libertad absoluta.
2º.- No tiene encabalgamientos, es una unidad de sentido. (entra en contradicción con la primera ley).
3º.- La rima, como auxiliar secundario que es, no puede ser reforzada o atenuada o sustituida por la aliteración.
4º.- Los metros tienen un número no fijo de sílabas, resulta de la cantidad flotante, de la amplia regularidad de los acentos.
Como se ve por la fecha de su creación, el versolibrismo no es algo de vanguardia; tampoco existe unanimidad en cuanto qué es el verso libre y el versículo, ya que (como veremos más adelante) muchos no lo consideran verso a este último, sobre todo a los llamados versículos mayores.
Para Amado Alonso el verso libre es una sucesión de unidades intencionales que se encadenan con el anterior y el siguiente. Tiene ritmo solo si el impulso emocional de cada verso viene de otro anterior y va a otro posterior, en cadena. Este mismo efecto se da en el verso tradicional, en menor medida, dentro del cual los casos de sinalefa y compensación prueban de manera muy contundente en el encadenamiento de los versos. Para dar ritmo a la poesía sin metro fijo se recurre a frases repetidas, en principio o fin de verso, al acoplamiento de metáforas e imágenes, a escribir en líneas de muchas sílabas divisibles en versos menores, disposición que emana del sentido y que no carece de importancia para el ritmo.
Según Tomás Navarro, el verso amétrico trocaico* y el dactílico* corresponde a la versificación libre de cláusulas, ligada al metro o no ligada. (véase, p. e. el Nocturno de Silva o la ”Marcha Triunfal”, de R. Darío).

Marcha triunfal

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas
la gloria solemne de los estandartes,
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
Etc.

Gil y Galla identifica el verso libre con los versículos. Cada versículo es una unidad melódica, expresiva, voluntaria, deliberada. Así el verso libre será tanto más largo cuanto lo sea la frase. Es más que un renglón. Puede haber versos (versículos) de más de un centenar de sílabas. Una pausa brevísima o larga señala esa unidad. Esta pausa puede ser sintáctica o antisintáctica, como el encabalgamiento. Hasta tal punto el verso libre desborda la Sintaxis, que con frecuencia los autores prescinden de los signos de puntuación ortográfica, como indicándonos que en sus versículos las unidades son otras. En todos los países el verso libre procura entender las cláusulas rítmicas (pies y versos) entregándolas solo al balance tensivo-distensivo de la entonación y al corte de las pausas, olvidando el cómputo silábico tradicional y el acompañamiento acentual. Al desvalorizar estos patrones tradicionales, hace borrosa la frontera entre el ritmo de la prosa y del verso.
La prosa rimada es un estado semiconsciente, en el cual una equivalencia aproximada entre las longitudes de la expiración predomina sobre el juego buscado de los acentos, que puede intervenir; el periodo lógico se mantiene con simetrías o equilibrios. El versículo es la forma métrica de la prosa rimada.

ANTECEDENTES DE VERSÍCULO
San Jerónimo dividió las frases de la biblia con arreglo al sentido. Las líneas así formadas se llamaron versículos.

Estos son como un gran ensayo de la poesía contemporánea para explorar ritmos de frase de más alcance que el silábico. Es decir: el ritmo se ha de conseguir con la frase y se relega el metro, el acento, la rima y la estrofa. Este ritmo de frase opera siempre en versos largos, porque el verso corto tiende a imponer medidas silábicas.
También Bousoño, en su libro “La poesía de Vicente Alexandre” iguala verso libre con versículo. En los poemas en verso libre se suelen superponer los versículos y los versos tradicionales con medida silábica o acentual.
El poeta francés Viélé Griffin escribe formando renglones con arreglo a la simple disposición sintáctica de la frase. Transforma, por tanto, el verso tradicional en los versículos modernos. A mi entender, denominamos versículo a aquel verso cuya longitud escapa al cómputo silábico, siendo cada uno de ellos una frase con sentido completo. Esto es así porque, como han demostrado psicólogos ilustres, las cantidades silábicas comprendidas entre 20 y 40 cifras silábicas pueden diferenciarse unas de otras en 4 o 5 cifras silábicas sin dejar de parecernos, métricamente, perfectamente iguales; es decir, un verso de 30 sílabas nos parece igual a otro de 35, por ejemplo, porque desaparece el cómputo de tiempo para nosotros. Percibimos muy bien la diferencia entre 1 segundo y dos, pero entre 7 y 10 segundos se nos borra la distancia temporal. Por tanto, en los versos largos a los que llamamos versículos desaparece el ritmo métrico o parte de él y el ritmo ha de fundamentarse en los movimientos tensivos y distensivos de la entonación, que son su recurrencia rítmica, al igual que en la prosa.

Rubén Darío mezcla verso y prosa y crea y forma una forma híbrida, cuya calificación sería la de versículo mayor. Él los llama poema en prosa rimada. El término versículo mayor se emplea desde entonces para designar una forma lírica, no narrativa , basada en el paralelismo y que comprende medidas superiores a las del versículo (este de 2 a 25 sílabas, aproximadamente. Es decir, los versículos mayores computan más de 25 sílabas). Se diferencia del poema en prosa por su estructura paralelística ( la versificación paralelística, tiene una forma negativa (p. sinonímico), y una negativa (p. antitético). Se basa en recurrencias sintácticas (isoconos de todo tipo, como el quiasmo, la paromocosis, etc.) y en recurrencias léxicas (geminación, anáforas, complexión, epímone, etc.) o semánticas (enumeración, acumulación, sinonimia, percusión, etc.) y en ser los párrafos más breves. Ejemplo: el himno de oro entonado por el vagabundo protagonista en “La canción del oro”, de Rubén Darío. Este es el iniciador del versículo mayor y del verso paralístico menor, (1896). Escribe en verso libre fluctuante “El canto de Argentina”.

La canción del oro

¡Cantemos el oro!
Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va, como los fragmentos de un sol despedazado.
Cantemos el oro, que nace del vientre fecundo de la madre tierra; inmenso tesoro, leche rubia de esa ubre gigantesca.
Cantemos el oro, río caudaloso, fuente de la vida, que hace jóvenes y bellos a los que se bañan en sus corrientes maravillosas, y envejece a aquellos que no gozan de sus raudales.
Cantemos el oro, porque de él se hacen las tiaras de los pontífices, las coronas de los reyes y los cetros imperiales; y porque se derrama por los mantos como un fuego sólido, e munda las capas de los arzobispos, y refulge en los altares y sostiene al Dios eterno en las custodias radiantes…. Etc.

Prosa poética es un término genérico para designar toda aquella prosa cuya actitud es lírica y, en consecuencia utiliza un lenguaje poético con empleo de metáforas y otros tropos y figuras, con alteraciones sintácticas, como hipérbatos y elipsis, con arcaísmos, neologismos y cultismos. Ejemplos: “Palomas blancas y garzas morenas”, un cuento de R. Darío.

Palomas blancas y garzas morenas

Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba mucho y nos hacía vernos como hermanos, vigilándonos cuidadosamente, viendo que no riñésemos. ¡Adorable, la viejecita, con sus trajes agrandes flores, y sus cabellos crespos y recogidos como una vieja marquesa de Boucher!
Inés era un poco mayor que yo. No obstante, yo aprendí a leer antes que ella; y comprendía -lo recuerdo muy bien- lo que ella recitaba de memoria, maquinalmente, en una pastorela, donde bailaba y cantaba delante del niño Jesús, la hermosa María y el señor San José; todo con el gozo de las sencillas personas mayores de la familia, que reían con risa de miel, alabando el talento de la actrizuela.
Inés crecía. Yo también, pero no tanto como ella. Yo debía entrar a un colegio, en internado terrible y triste, a dedicarme a los áridos estudios del bachillerato, a comer los platos clásicos de los estudiantes, a no ver el mundo -¡mi mundo de mozo!- y mi casa, mi abuela, mi prima, mi gato, -un excelente romano que se restregaba cariñosamente en mis piernas y me llenaba los trajes negros de pelos blancos.
Partí… etc.

Un subgénero de la prosa poética es el poema en prosa, por su mayor brevedad y por intentar conseguir los efectos emotivos del poema en verso. Contienen un pequeño argumento que se desarrolla a lo largo del poema, es decir hay un núcleo argumental.


Ejemplos en obras de R. Darío:
Versificación libre de cláusulas: “Marcha triunfal”
Versículo mayor: “ La canción del oro”.

Pérez de Ayala, en su obra “El sendero innumerable”, junto a un raro verso breve (7 u 8 sílabas), o largo (12), hallamos otros de 67, 70 y 117 sílabas. Fragmenta este poema en dos partes: la primera está escrita en verso libre (metros entre 5 y 18 sílabas), mientas que la segunda, “Canción del hombre robusto” está escrito en versículo whitmaniano, creado por Walter «Walt» Whitman (West Hills, Nueva York 1819-Camden, Nueva Jersey; 1892)

¡Oh, capitán, mi capitán!

¡Oh, capitán, mi capitán! Nuestro azaroso viaje ha terminado;
El barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado;
Cerca está el puerto, ya oigo las campanas, todo el mundo se muestra alborozado,
la firme quilla siguen con sus ojos, el adusto velero tan audaz.
Pero, ¡Oh, corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
Oh, se derraman gotas rojas
en la cubierta donde yace mi capitán
caído, frío y muerto.
¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
levántate —por ti la enseña ondea— por ti suena el clarín;
por ti son las guirnaldas y festones —por ti se apiñan gentes en la orilla;
por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa.
¡Escucha, capitán! ¡Querido padre!
Te pongo el brazo bajo la cabeza;
Un sueño debe ser que en la cubierta
hayas caído frío y muerto.
Mi capitán no contesta, están sus labios pálidos e inertes;
Mi padre no es consciente de mi brazo, no tiene pulso ya ni voluntad… etc.




Tendencias versolibristas:

1º.- El verso libre whitmaniano (León Felipe, Aleixandre y D. Alonso).
2º.- El verso libre de imágenes (G. Diego, Lorca, Alberti, Cernuda).
3º.- El verso libre fluctuante o de base tradicional (Salinas, Lorca).
4º.- La silva libre impar (Cernuda, Guillén, Salinas)

En “Sobre los ángeles”, Alberti utiliza el verso libre de imágenes., que es un verso libre de pensamiento, que trataremos más adelante. En “Sermones y moradas” utiliza el “versículo mayor”.

En “El hacedor”, de Borges,” Insomnio” y “El puñal” están escrito en verso libre: en versículo normal el primero y en versículo mayor el último. Ambos se diferencian en la longitud de los versos o párrafos, lo que hace que por la mayor longitud de los versos “El puñal” sea considerado poema en prosa. Ambos utilizan estructuralmente el paralelismo, pero en el versículo normal aparece en renglones diferentes y en el versículo mayor no.
El versículo normal posee mayor solemnidad y énfasis, mientras el tono del versículo mayor resulta mucho más cotidiano y cercano a la prosa del relato.

EL HACEDOR (1960)
Nunca se había demorado en los goces de la memoria. Las impresiones resbalaban por él, momentáneas y vívidas; el bermellón de un alfarero, la bóveda cargada de estrellas que también eran dioses, la luna, de la que había caído un león, la lisura del mármol bajo las lentas llemas sensibles, el calor de la carne de jabalí, que le gustaba desgarrar con dentelladas blancas y bruscas, una palabra fenicia, la sombra negra que una lanza proyecta sobre la arena amarilla, la cercanía del mar o de las mujeres, el pesado vino cuya aspereza mitigaba la miel, podían abarcar por entero el ámbito de su alma. Conocía el terror pero también la cólera y el coraje, y una vez fue el primero en escalar el muro enemigo. Ávido, curioso, casual, sin otra ley que la fruición y la indiferencia inmediata, anduvo por la variada tierra y miró, en una u otra margen del mar, las ciudades de los hombres y sus palacios. En los mercados populosos o al pie de una montaña de cumbre incierta, en la bien podía haber sátiros, había escuchado complicadas historias, que recibió como recibía la realidad, sin indagar si eran verdaderas o falsas.
Gradualmente, el hermoso universo fue abandonándolo; una terca neblina le borró las líneas de la mano, la noche se despobló de estrellas, la tierra era insegura bajo sus pies. Todo se alejaba y se confundía. Cuando supo que se estaba quedando ciego, gritó; el pudor estoico no había sido aún inventado y Héctor podía huir sin desmedro. Ya no veré (sintió) ni el cielo lleno de pavor mitológico, ni esta cara que los años transformarán. Días y noches pasaron sobre esa desesperación de su carne, pero una mañana se despertó, miró (ya sin asombro) las…etc.

Insomnio

De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tienen que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis aborrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.

En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha … etc.





EL PUÑAL

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina... Etc.


En “El oro de los tigres”, cinco poemas son versolibristas: 3 en versículo mayor: “Tú” y “Hengist quiere hombres”; 1 en versículo normal: “East Lansing”; 1 en narrativo-paralelísitio: “El centinela, reescritura del poema en prosa “Borges y yo “”.
En “Moneda de hierro”, el poema “La Luna” en verso libre de imágenes.

La luna


Cuenta la historia que en aquel pasado
tiempo en que sucedieron tantas cosas
reales, imaginarias y dudosas,
un hombre concibió el desmesurado

proyecto de cifrar el universo
en un libro y con ímpetu infinito
erigió el alto y arduo manuscrito
y limó y declamó el último verso.

Gracias iba a rendir a la fortuna
cuando al alzar los ojos vio un bruñido
disco en el aire y comprendió, aturdido,




MODALIDADES VERSOLIBRISTAS
1.- Ritmos fónicos.
Las modalidades versolibristas que se basan en la presencia de ritmos fónico tienen cuatro puntales posibles (igual que la métrica tradicional): el acento, el metro, la rima y la estrofa. Así nos encontramos con la versificación libre de cláusulas, cuyo elemento dominante es el acento; el verso libre métrico, anclado en el metro; el verso libre rimado, en la rima; y el verso libre de base tradicional, cuyo apoyo en algunos casos es la estrofa (verso libre estrófico) y en otros el poema: silva libre, versificación libre fluctuante, versificación libre estrófica y canción libre. La periocidad de estos ritmos está disminuida. En las modalidades basadas en ritmos fónicos existen también imágenes y pueden existir paralelismos, pero lo más evidente en esos poemas es el ritmo acentual, la rima o cualquiera de los otros parámetros versales.

2.- Ritmo de pensamiento.
Las modalidades que se fundamentan en el ritmo de pensamiento, es decir en la reiteración de un elemento semántico o varios : versificación paralelística ( con anáforas y enumeraciones casi siempre) : versificación menor, y mayor (esta con el versículo y el versículo mayor); y la versificación de imágenes (metáforas sobre todo). A estas modalidades, con frecuencia se les niega el carácter de verso y son identificadas como poemas en prosa. En las modalidades basadas en el ritmo de pensamiento (reiteraciones semánticas) existen metros detectables e incluso rimas en ocasiones, pero lo patente son los paralelismos o las imágenes reiteradas



Epílogo

Si a partir de R. Darío todo el mundo escribe en verso libre y muchos se avergonzarían de escribir otra cosa, a partir de 1930 se da una inflexión: frente a la modernidad a toda costa, se empieza a reivindicar el pasado. La generación del 27 inicia el repliegue del versolibrismo (Salinas, Lorca y Alberti). Actualmente tenemos un resurgimiento de la métrica tradicional, si bien relativo, ya que solo sobreviven unas pocas formas tradicionales. El versículo whitmaniano y la versificación paralelística menor parecen estar en retroceso, y prácticamente extintos la versificación libre de cláusulas y el verso libre métrico. Sobreviven el versículo mayor, el verso libre rimado y el verso libre de base tradicional.
Última edición por Francisco Lobo el Sab, 14 Oct 2023 21:07, editado 1 vez en total.
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Rafel Calle
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Re: El verso libre

Mensaje sin leer por Rafel Calle »

Toda esta recopilación que haces, amigo Paco, está muy bien y es de agradecer, sobre todo, para darse cuenta de la cantidad de contradicciones que se han ido llamando teorías.
Aquí, en Alaire, nos hemos preocupado de poner al día los conceptos relativos al verso libre y al versículo, así, durante muchos años los hemos estudiado para llegar a una serie de conclusiones. Puedes estar de acuerdo con ellas y puedes no estarlo, no vamos a obligar a nadie.
Te paso una serie de enlaces donde podrás encontrar largos debates, discusiones, estudios... sobre las cuestiones referidas.
Abrazos.
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