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Elevé hasta el Señor mi pensamiento
al contemplar la luz de un nuevo día…
mi noche oscura su antifaz perdía
ante el fulgor de aquel alumbramiento.
Se secó el pozo de mi sufrimiento
al restañarlo el resplandor que había…
mi corazón, en mi interior latía,
envuelto en llamas de agradecimiento.
Baje mi frente para meditar
y lograr el tesoro de Su gracia,
cuando escuché unos rezos matutinos…
y al levantarla, pude contemplar
a una alondra rezando en una acacia,
y al sol fulgente entre los verdes pinos.
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Autor: Francisco López Delgado.
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