Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

Un forista propone un tema, cadáver exquisito, jugar a escribir haikus encadenados, escribir poemas a un autor consagrado (fallecido o no), debatir sobre un tema literario, sobre un autor consagrado, sobre un recurso literario, etc.
Cuando ese forista lo da por terminado propone a un nuevo forista para que se ocupe de una nueva actividad conjunta.

Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

por Administración Alaire » Sab, 21 Mar 2020 10:15

Reflexiones, en prosa, sobre los acontecimientos que estamos viviendo, que está viviendo la humanidad. Se puede intervenir varias veces, siempre y cuando se espere que intervengan 3 compañeros antes de nuestra próxima intervención.
Arriba esa fuerza.
Abrazos, muchos.
 
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Creativa carne

por Armilo Brotón » Sab, 21 Mar 2020 18:25

Comparto una reflexión del filósofo Tomás Quintín.
La publicó en la revista Philosophical protection, en Junio 2019, cuando se declaró una pandemia por la acción del virus de la influenza H1N1. Intenté traducirla lo mejor que pude y con su expreso permiso la inserto como cabeza de esta oportuna línea de nuestra foro, siempre atento y sensibilizado a las circunstancias del yo.


¿Me explico?

Nasrudín estaba echando puñados de migajas alrededor de su casa.
Alguien le preguntó: -¿Qué está haciendo?
- Mantengo alejados a los tigres.
- Pero si en estos lugares no hay tigres.
- Así es. Es efectivo, ¿verdad?


Cuando la naturaleza se nos presenta hostil a nuestros intereses llegan los interrogantes, esta es la coyuntura en que la filosofía podría recuperar el lugar que nunca debió perder dentro de la educación y en la sociedad. No es la ocasión de echar mano a Dios y quedarse con los brazos cruzados, ni tampoco de flagelarse las espaldas como nazarenos, no es oportuno el terror apocalíptico.

Es el momento de una reflexión objetiva: falta de cultura y falta de ética, que no se enseña en ningún lugar hoy, permiten que gran parte de la comunidad permanezca anestesiada y embrutecida, escasa de sensibilidad. No podemos centrar la educación de nuestros hijos en unas salvedades rigurosamente utilitaristas pues de ello, junto con factores geoclimáticos y estructurales, devienen situaciones como la que estamos viviendo. Si todos pensamos que todo es competencia darwiniana es lógico que asumamos que en el planeta sobramos muchos seres esquilmantes. La tierra, en sí, es un ente vivo que se defiende de las agresiones, que expulsa a los agresores, tal como nosotros nos defendemos de los patógenos. Guerras y pestes responden a este esquema global.

Desde hace tiempo conocemos las enormes fallas del sistema capitalista, un depredador muy especializado, al que muchos sustentamos y al que todavía no hemos sido capaces de buscar una alternativa válida. Desde una posición antropocéntrica contribuimos, decididamente y sin vergüenza, a un cambio climático que no estamos seguros si corresponde a un ciclo geológico normal en la evolución del planeta tierra o es, ciento por ciento, consecuencia de nuestra forma de vida actual; pero el hecho es que se propicia un nuevo hábitat para organismos que antes estaban recluidos en otros nichos ecológicos.

Cuando llegan estos momentos la preocupación del filósofo no debe ser tanto la ontología absurda de preguntarse si existe un virus en sí o para sí: es la ética, es el escrúpulo por elaborar una nueva cosmovisión la que debe ocupar el pensamiento para mejorar, de una forma práctica, nuestra relación con el medio ambiente. Cuando un ser es capaz de reflexión y análisis, de creación y avance tecnológico, tiene poder y debe ser responsable no sólo del cuidado de sus hijos sino del cuidado de los hijos de las generaciones futuras. Gran parte de culpa la tenemos los filósofos que nos hemos refugiado en un gueto mirándonos el ombligo y utilizando una retórica incomprensible para nosotros mismos; un mecanismo de defensa que lleva a la ruina intelectual. Me adhiero al pensamiento de María Zambrano que propuso la creación de la persona, con todo lo que ello implica, como objetivo de la filosofía y la razón poética como método para paliar la insuficiencia del racionalismo y adquirir sensibilidad y conocimiento.

El hombre detenta el privilegio de un sistema neuronal complejo, base de la inteligencia, pero como animal está sometido a las mismas presiones que los demás seres vivos, a la lucha por la supervivencia. Cataclismos, guerras y epidemias no son el castigo de Dios, son situaciones propias del mundo físico. Nuestra influencia sí es determinante en el planeta y nuestra responsabilidad debe estar acorde a las facultades que detentamos. Que un microbio extermine a parte de la población no es más que la consecuencia de su evolución genética para encontrar un nicho de vida propicio a su estabilidad. Condiciones actuales como hacinamiento urbano, malas prácticas alimenticias, desigualdad social son aprovechadas por otros compañeros de viaje para recuperar posiciones. La buena noticia es que sabemos cómo controlarlos porque tenemos una superioridad manifiesta. La tecnología es positiva si va acompañada de ética y razón poética, ésta como sensibilidad, como generadora de ideas y de bienestar.

No debemos asustarnos, esto volverá a la normalidad pronto, pero la pregunta es: ¿seguiremos haciendo lo mismo de siempre?, ¿seremos capaces de cambiar algún hábito que nos permita crecer como personas? El poder está en nosotros, los políticos no son más que una prolongación de nuestra ineptitud, el pecado no es de los otros y el silencio siempre será culpable.

Tomás Quintín
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Re: Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa7jjj33go)

por Ana Muela Sopeña » Dom, 22 Mar 2020 9:08

Estos días he visto que nos producen disonancia cognitiva los políticos, los periodistas, los médicos, los que manejan los índices bursátiles.

Por ejemplo si alguien con sobrepeso me dice que hace una dieta estricta pero me hace acompañarle a una pastelería, delante de mí compra cuatro pasteles y dos bollos y se los come a todo correr. Eso me producirá disonancia cognitiva. Lo que mi interlocutor me dice y lo que hace no concuerdan. Su discurso no casa con su acción o comportamiento.




Nos confinan para no extender el virus pero al mismo tiempo nos dicen que las mascarillas no son necesarias para el ciudadano normal.

Nos dicen que si tienes síntomas uses mascarilla, peryyo al mismo tiempo que no salgas de casa, que te sometas a cuarentena.

Nos dicen que los hospitales están colapsados, pero aquí... vas al centro de salud en horario de urgencias y no hay nadie. Absolutamente.

Nos dicen que van a tomar las medidas para protegernos pero si lees el Boletín Oficial del Estado cada día observas que están gobernando a golpe de decretos. Y cada día sacan leyes que no benefician al ciudadano.

Las esposas de los mandatarios de este país tienen el bicho y sin embargo ellos circulan libremente. No se ponen en cuarentena.

Hay muchos ejemplos de sucesos diarios relacionados con el virus que nos producen disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva continuada produce indefensión aprendida.

Al final la población está adquiriendo indefensión aprendida.

Descubrimos que hay muchas cosas que son y no son al mismo tiempo. Ello nos puede producir indefensión aprendida, aunque también un aprendizaje y salir de ahí.

A los leves apenas se les da tratamiento. Cuando se ponen graves sí. Pero bueno... ¿Qué sentido tiene dejar que una enfermedad se haga más virulenta?
La Luz y la Tierra, explosión que abre el corazón del espacio.
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Re: Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

por Hallie Hernández Alfaro » Lun, 23 Mar 2020 21:27

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Robótica dulce, I


En la sala blanquísima y esterilizada al máximo, puedo ver dos sillas que contrastan con el raro vacío de la escena.
Una frente a otra, con una distancia de apenas cincuenta centímetros. Escucho el sonido de un timbre.
En pocos segundos, llega una enfermera con un dispositivo en las manos. Podría ser un ordenador en miniatura o una tableta.

Minutos más tarde, abre la puerta y saluda a la paciente que seguidamente toma asiento en una de las sillas.
La enfermera es amable, no lleva ningún tipo de protección visible, con gran naturalidad y una sonrisa cálida, introduce un bastoncillo en la fosa nasal izquierda de Anais para extraer la muestra pertinente.

Entran y salen más pacientes con diferentes rangos de edad y variados géneros.

Estas pruebas se repiten hasta haber completado 369. Un número que a Tesla le habría gustado mucho.

Afuera, en los pasillos de lo que parece ser una ciudad clínica impecable, la percepción humana ha sido enriquecida por la robótica.
No existe el frío, ni los eslabones metálicos, ni la competencia inútil.

Siento la dulce convivencia. Me apetece brindar en solitario por una humanidad renovada hasta lo más profundo de sus raíces.
Última edición por Hallie Hernández Alfaro el Mié, 25 Mar 2020 20:27, editado 1 vez en total
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Re: Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

por Marisa Peral » Mar, 24 Mar 2020 13:45

Desde mi ventana veo la antena colectiva del edificio de enfrente. Sobre ella pasa el invierno una cigüeña impasible.
De vez en cuando surgen peleas encarnizadas con las cotorras argentinas que pueblan los árboles del parque cercano.
Puede que la naturaleza dote a los animales de algún sentido especial para detectar el peligro y este año, antes de San Blas, se fue la cigüeña impasible. Bandadas de ellas hicieron su viaje a destinos más cálidos y seguros. Huían de esta catástrofe, ahora lo sé.

Desde mi ventana, ahora veo a personas que pasean a sus mascotas, veo pasar autobuses vacíos, servicios de limpieza, policía en sus coches patrulla, alguna vecina que va a la compra o a la farmacia. Nada extraordinario que vulnere las normas de confinamiento impuestas para combatir esta pandemia.

Y también, desde mi ventana, cada día a las ocho de la tarde veo ese gesto solidario de agradecimiento individual y colectivo a todos cuantos hacen posible que esta incertidumbre sea más leve, hace que nos sintamos más pequeños y humanos sabiendo que hay personas que, desinteresadamente, se exponen por todos y cada uno de estos habitantes del mundo, a los que nos cuesta reconocer nuestra debilidad y egoísmo.

Desde mi ventana miro y espero, confío en la sabiduría de nuestra sanidad y en que no nos toque en este “sorteo” el premio definitivo de perder la batalla contra este enemigo silencioso.

Cuidaros mucho y #HayQueQuedarseEnCasa

© MAR – 24/3/2020
(Duodécimo día de Confinamiento, ya sólo quedan otros dieciocho días y los que sean necesarios)

Nota: Mientras escribía estas letras sin ningún propósito literario y sólo por dejar mi sentir en estos días que se van haciendo largos, recordé pensando en las víctimas, la mayoría personas mayores, en estos versos de Jorge Manrique

[i]
cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte,

tan callando[pre].
[/pre]
[/i]
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Diario de un vagamundos, apología de la resistencia

por Armilo Brotón » Jue, 26 Mar 2020 13:26

Día 1
Querido diario:

Me levanté temprano —casi oscuro, mientras de sueños Maite sigue relucida, me seduce el frescor de la madrugada— y mi cuerpo agradeció el escalofrío que alumbra el primer café; sacudida de tierra para sentirme vivo, trote parado que desentumece mis músculos. Impregnada del confortable olor de los muebles y otros enseres —ellos en la noche hacen sus cosas y nunca me importó que pasearan o se acomodasen a otro lugar, para enojo de mi novia que no encuentra sus bragas — la casa se concilió con el espacio y yo me ocupé del tiempo.

África buscó mis pies, todavía torpes, y me dio los buenos días con un intenso roce. No sin antes mirarme, con esa fijeza que sólo tienen los perros para adivinar nuestro estado de ánimo, la emoción consustancial en las pestañas, cuando los dos supimos que todo iba conforme al protocolo, se recostó en la alfombra de nuevo. Yo seguí a lo mío.

Mientras el carajillo me besaba el alma, serví unas habaneras de fondo, encendí el cigarro puro tal como me enseñó mi padre e incliné mi torso ante las tetas de mi reina como es preceptivo; hoy me sentía un marinero esperando que el sol, como la paloma, buscara mis manos de nido, las enterneciera; deseando que zarpara este nuevo barco, con ilusión de grumete. Antes de abordar la lectura de poemas y escribir algunos versos, efectué un recorrido para saludar a cada una de mis arañas. Maite no sabe dónde están sus telas, es un secreto entre ellas y yo, se pone algo nerviosa con los arácnidos, y otros notables insectos, que pueblan los rincones de mi vida. Para distraerla del asunto, le preparé un sabroso condumio que adobé con besos y una verónica, coqueteando con sus pertinaces nalgas. Bendito nuevo día.

Día 2
Querido diario:

Hoy eché de menos volar, no en el sentido metafórico de aquel sitio donde los espejos son espacios sin nube, aquel donde Alicia se pegaba al entorno sincrético de Carrol y deslizaba su cuerpo por el tobogán matemático que conduce a los sueños. No, no es eso.

Digo subirme a un avión y visitar mis lugares de trabajo habituales, abrazar a mis queridos amigos para recorrer sus cafetales, fumarme un cigarro puro en Santiago de los Caballeros con Leo, el mejor fabricante de humo dominicano, o sentir como el mezcal de los dioses michuacanos abrigan mi alma en sus puños de agave. Hoy eché de menos volar, ver las nubes desde arriba, disfrutar cuando el alba, desde un Boeing 787, rasga esa tela sutil que nos sostiene sobre los rayos ultravioleta y la vulnerabilidad de la duda.

Tampoco hablo de ese lugar de la imaginación donde todo es permitido y jugamos como niños recreando momentos felices o deseos incumplidos. Ni siquiera del recuerdo de mi abuela contando cómo las cabritas burlaban al lobo cuando me veía unas veces príncipe y otras mendigo.

Digo volar de verdad, con mi maleta siempre llena de pañuelos de colores uno para cada sudor, uno para cada emoción que guardo condensada entre tarros de algodón, entre las risas de mis técnicos de campo, cuando ya cansados de ver cultivos nos abrimos una cerveza al caer la tarde. Digo volar en el sentido estricto de las caderas de Maite, tierra bendita, comestible, cuando corre sobre la arena invitándome al baño.

No digo volar como Ícaro, que se mató el cabrón por loco, digo volar de verdad; ir a España a comer jamón contigo.

Hoy es veintisiete de Marzo, África me mira preocupada, y tuve ganas de volar sobre la distancia amable, como las gaviotas huelen el avemaría de Schubert a las doce justas, cada día.

Día 3
Querido diario:

Hoy me vino a la memoria la antigua casa de campo de la familia con mi abuela dentro, con su delantal que siempre olía a detergente Lagarto; su cocina, donde aprendí, junto a ella, los primeros rudimentos gastronómicos; con esa fragancia a madera de olivo que impregnaban los fogones en sus paredes de cal y las inevitables moscas, que pululaban de un lado a otro buscando golosinas donde meter su trompa; sobre todo en verano, que se reproducen más en los pinos cercanos. Me acordé de los versos de Antonio Machado:

“vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.”

Fui a mirar y no encontré ninguna en la mía, pulcra, cubierta de azulejos y pensé: Si no hay moscas ¡esto no es una casa en condiciones! ¿Quién les habrá argumentado como para abandonar el intento de ser mejores entre mis paredes? Pero se han ido prestas y miedosas a otra parte, ¡tanto que me dejé sobar por sus patas! Ahora ya no pasea ninguna por mi piel ¡intrépidas!, entre ese Finisterre que crea en mi memoria los bellos recuerdos de la infancia y su palpo maxilar, mediterráneo e inquieto.

Antes cuando preparaba un pescado venían fervorosas al convite ¡menudas cobardes! que se van cuando yo más las necesito. La única que me vino a la cabeza es la mosca de Kafka pero a esa no la dejo posarse, pesa demasiado. ¿Dónde se ha visto una cocina sin ese diálogo de violines que establecemos con ellas? ¿Dónde se ha visto una cocina sin olor, aséptica? ¿De qué se acordarán mis hijos mañana? Maite me preguntó qué buscaba con tanto ahínco.

—Galletas María —le dije. Sus ojos se achicaron extrañados
—¿Galletas María? ¡Galletas María! ¿Qué te pasa hoy?
—Nada, me entró la añoranza. Eran las que desayunaba con leche de pequeño, antes de ir al colegio.

Aquel hogar/cocina está cerca de mi pensamiento, creo que el hombre es el recuerdo de sus olores. Para mi suerte existe la empresa Cuétara en Costa Rica, subsidiaria de la española, así que África y yo salimos a comprar un paquete que degusté con un buen café y no le di ninguna a Maite, por impertinente.

Día 4
Querido diario:

Ayer fue un día muy ajetreado emocionalmente, confuso. Por la mañana, muy temprano, llamó mi hermana para avisarme que mamá había fallecido en la residencia en la que está pasando sus últimos días, con un alzheimer muy avanzado. Me lo temía, pues la clínica es una de las más infectadas de Murcia, pero no por ello dejé de entristecerme y llorar: no la he visto desde Navidad y aunque ya no me reconozca me hubiera gustado darle un beso; cuando lo hago, siempre creo que es el último. Mientras mis hermanos se aplicaban con los preparativos de la defunción, yo me dediqué a llamar a la familia y amigos. Con algunos de ellos hacía tiempo que no charlaba y fue intenso en pocos minutos comentar sobre la realidad de las personas mayores, del caos que supone esta situación en muchas partes del mundo, de lo triste que es, por las circunstancias actuales, que sólo mis hermanos pudieran estar en la exhumación. África, mientras tanto, no dejó ni sólo un momento de estar junto a mis pies, como entendiendo la situación y queriendo darme consuelo; yo de vez en cuando le apretaba el morro para juguetear ensimismado con ella mientras miraba al techo pensativo.

Apenas había acabado de hablar con mis familiares Maite me llamó exaltada, mi hermana estaba al otro lado del teléfono para decirme que el forense había dictaminado que la señora que tenían en la morgue no era Carmen Meseguer, mi madre, sino su compañera de habitación. No me lo que podía creer, ni en las mejores películas surrealistas de Buñuel pasan estas cosas. La realidad supera a la ficción siempre, no es un tópico.

Sabemos que el virus hace de las suyas en su cuerpo y que en cualquier momento puede ser ella la que nos diga adiós de verdad. Siempre fue una mujer muy traviesa, pero nunca pensé que llegara a esta broma con nosotros.

Día 5
Querido diario:

Después del estresante y surrealista día de ayer, el domingo transcurrió más tranquilo y feliz. Sobre todo, porque hice las paces con Maite después de su enfado, el viernes, por no dejarle mojar galleta. Evidentemente, el que salí perdiendo fui yo que me pasé dos días macerando con San Cucufato melocotones, por idiota; mientras que África, segura en su mundo menos complicado, me miraba guasona.

Con mi sutileza habitual le preparé una fiesta sorpresa por la noche. Tenemos el privilegio de transformar la fruta en vino y del agua marina, sacar buenos ratos en la adversidad. Quería invitarla a cenar en un sitio alto, sobre nuestro encierro, para que tuviéramos una panorámica bella de los dos océanos que rodean nuestras cabezas de playas y bosques. Encargué unas carnes y preparar unas entradas sencillas; metí una botella de cava al frigorífico y unas eróticas berries de compañía. Sobre las palmeras, cerca de nosotros y suficientemente lejos de cualquier ser humano, monté una mesa con sus preceptivas velas; con la música de fondo iluminando las cuatro esquinas de nuestros labios, le pedí a la luna que se pusiera las medias negras de domingo y nos cantara algunos temas de Ella Fitzgerald, quería hacerla subir tres octavas reales más; al principio me miró con gesto mohíno pero un te quiero siempre alivia cualquier firmamento de nubes.

Día 6
Querido diario:

Maite se esta poniendo algo histérica, ¡manda huevos que me ha dicho: “Armilo, viejo y que gruñe se va”!:
¿Dónde voy a ir con la que está cayendo? Cuando me llama Armilo, levanto los pabellones como África. Quizás tenga razón en algo: se está resquebrajando mi optimismo y eso se nota en que sonrío menos, en que me molestan más las cosas que no están dentro de mi orden mental; me hago más intolerante y menos comprensivo, menos sensible a las personas que me rodean y más quisquilloso.

Muy temprano, salí al parquecito que hay junto a casa para dar un paseo con África. Me quité las sandalias y nos refrescarnos los pies con el rocío de la mañana, que impregna el césped de energía; respiré profundo ese aroma intenso a tierra húmeda. Necesitamos la tierra frente al asfalto que asfixia y no traspira la emoción tóxica, que impermeabiliza los sentimientos y nos deja cargados de electronegatividad. El silencio del amanecer, la meditación frente al sol que nos participa un día nuevo, inmenso de posibilidades, me ayuda. Mientras la veía correteando feliz, oliendo cada rincón como si fuera la primera vez, pensaba en la cuestión que Rafel nos había propuesto en el Foro Alaire: para qué sirve la poesía y en su futuro.
Fuera de su carácter meramente estético, creo que nos da una alternativa para afrontar con praxis el día a día, complementaria de los demás conocimientos que hemos ido adquiriendo y nos certifican como únicos en nuestro género. Recordando algunos famosos, y motivantes, versos pienso que nos puede transmitir el empuje que nos falta a veces por el desgaste; por ejemplo, alegría dentro de la adversidad. Decía Benedetti:

“Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas”


Fuera de otras disquisiciones literarias, creo que la fuerza de esta poesía es considerable y nos puede ayudar a sobrellevar la universalidad de la estupidez humana; mantener bienestar físico y mental para abordar con mejor ánimo cualquier reto.

"defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos"


Me embarro luego existo, parece decirnos Miguel Hernández desde la adversidad, como ejemplo de entereza y lucha.

“Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.”


Me embarro, luego existo. Estoy contento y refuerzo mis defensas. Me río y fluyen mis sentimientos.
Podemos utilizar la poesía para sentir, amar y llegar al silencio. Estas circunstancias que nos han tocado vivir hoy, nos regalan tiempo para que volvamos a leer esos poemas que nos llenan de alegría, porque la poesía va del intelecto al corazón y viceversa, estableciéndose entre ellos una vigorosa y fructífera simbiosis.
Cuando torné a casa para desayunar con Maite, le ofrecí un par de galletas María para mojar en el café —mi más preciado tesoro hoy—¡a ver si afloja la cabrona de una vez!, que me tiene achicharrado.

Día 7
Querido diario:

Ayer le recitaba, con el primer café, muy emocionado, a Maite algunos versos de César Vallejo que me vinieron a la cabeza, no los recordaba todos:

“Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...”


Si mi padre levantara la cabeza la volvía a agachar, seguro. Él, que no podía estar sin la partida de dominó, diaria, lloviera o tronara; sin su temprano carajillo, de Terry, y los chistes de Carmelo, dueño del bar CARPI, antes de ir a la finca que tenemos en Orihuela, para charlar con sus viejos almendros y olivos, para alimentar a sus perros pachones con los que salía a cazar los fines de semana. Divide y vencerás ¡nos han dado en la madre! ¡Qué contradictoria y cierta es la frase hoy, lentejas de Abril e incierta duda de abrazo mañana! Indiscutible rogativa de aislamiento social, para hacer trinchera, efectiva la lucha contra el tenaz ejército biológico. Nos segmentamos, para que no triunfen, cuando más falta nos hace compartir piel. Es necesario distanciarnos físicamente, sí. Pero qué duro es contenerse y no poner la mano en el hombro del amigo, qué duro. Dicen que van a cambiar drásticamente nuestras costumbres sociales; pudiera ser pero ¿qué voy a hacer yo con mis manos inquietas? ¿Las despido procedentemente?

Qué duro no poder abrazar, tocar a la gente. Los amigos me advierten: Armilo contente, que tú eres de los de tocar mucho. Mucho que tocar sí, necesito sentir el calor que despide la vida en su entropía amorosa, desgastar las huellas dactilares hasta que ningún DNI sepa quién soy. Me considero un ser gregario y necesito a mi hermano lobo y también a San Francisco de Asís. El abrazo, el apretón de manos no me lo quiten para siempre. Pareciera como si la sociedad impulsara el individualismo. Resulta que cuando más solos estábamos debemos aislarnos todavía más.

Mientras pienso estas cosas acaricio a África, por suerte estos animales no son susceptibles a la contaminación y puedo sentir su reconfortante calor en la madrugada. Recordé al bar de Paco, al que un día dediqué un poema, con sus chille ríos y apretujones ¿será mañana igual la bulla que montábamos, como excusa, por cualquier nimiedad política, futbolística o de toros? ¿Y la taberna del Tío Sentado, donde tantas veces me comí unas altramuces con unos chatos de vino, será igual dentro de unos meses o repartirá morcillas de cebolla a domicilio, franquicia de Ubre Eats? Cuando en los escasos goles que mete mi querido Hércules de Alicante, con un ERTE a cuestas del paroxismo, no podamos celebrar en el estadio ¿para qué la cerveza con almendras a la salida?

Miro a África con cierto desconsuelo, quizás tenga reencarnarme en un perro para que mis manos, como hojas de palmera que abrazan el cielo mediterráneo, sigan tocando a mi gente mañana.

"antes con él me abrazo y me consuelo;
porque en proceso de tan dura vida
ataje la largueza del camino."

Del "SONETO XX" de Garcilaso de la Vega

Día 8
Querido diario:

Ayer, después de cenar, fui rápido al vestidor y me anudé un pañuelo negro en la cabeza. Cuando Maite me vio llegar de nuevo a la mesa se echó a reír y me dijo socarrona:
—Te ves bien ¿va a ser tu nuevo look?
—Me declaro un insurgente, un filibustero. Le recito:

“y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul”


—Jajaja pues te falta el parche y la pata de palo.
—Y a ti vestirte de princesa porque prisionera ya estás.

Con el cordón erótico de mis fantasías, le até las manos y la llevé a nuestro dormitorio entre risas y ruegos de falsa piedad.
—Ahora pediré un rescate a tu familia.
—Date prisa, las cosas se están poniendo mal hasta para los condes.

Mientras la voy desvistiendo, le digo que voy a buscar mi tesoro escondido para asegurarme que están cada uno de sus doblones, sin prisa y con esticomitia de sultán.
—¿Dónde tienes el plano? -me dice.
—Lo llevo en la cabeza grabado, para que nadie me lo robe.

Avanza el corsario por unas piernas como ríos celestes. El tejido negro, semitransparente, culmina en dos coronas de encaje que van perdiendo fuerza a medida que bajan hasta el suelo de nuestro pequeño paraíso, una isla en el continente de la emoción. Queda a merced del bucanero la orografía de la pasión; expuesto a la artillería amiga y enardecido grita:

“Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín”


Tengo un tesoro escondido en cada isla de mi corazón en las que escarbo para compartirlos . Todos los tenemos, hay veces que no sacamos lo mejor de nosotros porque extraviamos el plano. —Yo escondí uno bajo tu ombligo —le dije picarón cuando terminamos la parodia— y hoy tenía que buscarlo. Tenemos muchas posibilidades de elección, unas reales y otras soñadas pero como dice Sabina:

“Entre todas las vidas yo escojo
la del pirata cojo
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo”


Nos pueden quitar todo menos la imaginación. Para romper la monotonía, Maite y yo decidimos que algunas noches debíamos vestirnos de fiesta. Hacemos veladas especiales y nos disfrazamos oportunamente para la ocasión. La que no participa apenas es la aburrida de África que nunca se quita su negro terciopelo, desde el que la noche nos mira con curiosidad y envidia.

Día 9
Querido diario:

Los días se van poniendo pesados, me estoy quedando sin ideas para amenizar el encierro, voy a salir en cualquier momento bufando como los toros al ruedo. Iba a compartir con los amigos una alternativa interesante, pero en vista de los resultados que obtuve mejor no les digo nada.

“se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan”

Oliverio Girondo


El cotarro se estaba animando hasta que ayer propuse a Maite una velada sadomasoquista; filosófica y apetente, un poco de morbo existencial, nada de pegar fuerte; no me expliqué bien, seguro, a tenor de la cara que me puso. Ella es una mujer sensible que no se corta en temas de sexo, no entiendo por qué se ofendió tanto. ¿No se trataba de diversificar opciones para no aburrirnos? Tengo algunas amigas que me confiesan que les gusta que les cacheteen las nalgas o que les muerdan los pezones mientras follan; incluso me mandan fotos de las secuelas y no piense que es mentira lo que me cuentan —sé que la intención es ponerme caliente y reírse—. Para hacerla anoche feliz quise que indagáramos sobre el asunto, a la próxima que proponga ella algo.

Vaya embarcada a ningún puerto. A más inri, para darle una sorpresa, le había encargado por Amazon.com un disfraz; con el cuerpazo que tiene, la combinación de cuero, encaje y terciopelo rojo, las botas altas de aguja: no dudaba que estaría para comérsela. A punto estuvo de pegarle con la caja al pobre recadero que me miraba desconcertado. Yo levanté los hombros y le hice un gesto para que saliera cagando leches, antes que tuviera que llamar al Servicio de Urgencia Domiciliaria o tener que hacerle yo mismo una respiración asistida, después de la preceptiva patada en los compañones que mi dulce amor estaba a punto de darle. ¿Qué culpa tenía él? Esta mujer no entiende que hay que neutralizar el mensaje no al mensajero, pero en aquel instante no me iba a entretener explicándole filosofías extemporáneas, con el mal genio que tiene. Y eso que tuve la precaución de silenciar que en la tienda erótica de la esquina había comprado unos latiguillos de cuero dulce, para el postre.

Para mi indumentaria, había encargado una simulación de esmoquin, con apertura sorpresa —tipo stripper—, una tanga/tigre y un collarín de tachuelas: otra vez a palo seco varios días, y esta vez con la mejor intención de agradar; que hay veces que tengo la culpa de su enfado porque me gusta carbonearla: cuando arruga el morro se pone especialmente bella, como la primera chaqueta de Adolfo Domínguez. Lo único salvable de todo esto es que me devuelven la plata con la excusa de que me equivoqué de talla.

“Para permitirme amarte
como el primer hombre amó a la primera mujer
con toda libertad
esa libertad
por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre
por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
y acróbatas trágicos
aferrados al hilo de la Virgen del deseo”

André Bretón


El perverso optimismo del marqués me sirvió de poco. Entre que mis amigas, como te conté, me llaman para ponerme cachondo con sus jueguecitos y que había leído hace poco La filosofía en el tocador, me entusiasmé en exceso sin considerar las consecuencias. El yo y la circunstancia que decía Gasset. Uno de mis autores de referencia me falló, mejor sigo leyéndole 20 poemas de amor de Neruda o recitándole eso de qué es poesía, las pupilas y la madre que me parió. Y mira que Sade tuvo interesantes, y prácticas, ideas sobre la naturaleza humana que pocos entendieron suficientemente, quizás por su tendencia al sexo anal; pero bueno, quitando ciertos aspectos sanitarios, no lo veo mayor problema. Casi todas mis amigas lo hacen a requerimiento de sus parejas. Yo no estaba proponiéndole eso a Maite, sólo quería pegarle algunos latigazos en la espalda algo, según compruebo por testimonios cercanos, tan vulgar y tópico que ya ha quedado desfasado hace tiempo; hoy buscan otras alternativas: no dejo de ser un clásico con poca originalidad.

Yo sé que mi chica es delicada y tiene una piel tan blanca que transparenta sus pensamientos, por eso nunca consideré darle muy fuerte; es más, si el caso terciara a bien y yo me encontrara francamente inspirado, hasta hubiera dejado que ella castigara mis ejemplaridades; al tiempo que me podría recriminar mi falta de atención, el no acordarme de sus cumpleaños ni del tiempo que llevamos juntos.
Al final le puse mi collar de tachuelas a África, que iba muy contenta porque aparentaba la fiereza de un bull terrier, y nos fuimos al parque mientras se aplacaban los ánimos. Ni que decir tiene que fue otra bendita noche en el que el sofá me abrió sus enamorados y tiernos brazos.

"Allá todo se reproduce todo se regenera;
La puta es la madre de los grandes y de los pequeños,
Y todos nosotros siempre somos muy queridos para ella,
Monstruos y malvados como buenos y virtuosos."

Marqués de Sade


Día 10
Querido diario:

“Me dice el corazón
que no soy de este planeta,
que caí de algún cometa
fuera de circulación”


Me ha sido muy difícil manchar hoy de torpezas estas páginas; será una de las pocas veces que el sustantivo vagamundo, que te da nombre a esta entrada, tenga más sentido y quizá más dolor: ha muerto una de las personas más influyentes en mi vida ¡y tan allí, siempre mueren tan lejos los muertos! Quizás mis palabras se traben, que no pueda decir lo que siento por la tristeza. Poeta, músico, pintor, persona y amigo; nos mandábamos algún saludo muy de tarde en tarde, siempre con cariño. Fue tan grande y bella su vejez que a muchos nos legó parte de ella, para que la sintiéramos como nuestra. Tenía yo diecinueve años y me daba mucho reparo llamarlo para saber de su vida, pero él siempre me respondía con mucho cariño y recordábamos, entre risas, la anécdota que párrafos después os voy a relatar. Me gustaba ir a sus exposiciones para disfrutar de sus creaciones, de su poesía visual, y porque allí era más fácil saludarlo.
Tenía una voz muy bella. Me contó algunas veces de Cuba, donde compartió buenos ratos con sus amigos Pablo y Silvio, y yo creo que así terminé enamorándome del Caribe, donde hoy vivo, sin conocerlo. La idea de venir a América e imbricarme en esta tierra, se la debo ciertamente a él.

Nos conocimos una tarde cuando ofrecía un concierto en el auditorio de la Escuela de Caminos, 15 de Octubre de 1982, lugar en donde la movida celebró grandes eventos, en la Politécnica de Madrid. Íbamos a escucharlo, muy emocionados, un grupo de conocidos—el fin de semana anterior, nuestro Colegio Mayor, Aquinas, celebraba la fiesta de fin de novatadas y allí conocimos a unas chicas de Aranda del Duero, locas por Aute; quedamos con ellas para el evento—; los amigos estábamos unos pasos atrás mientras ellas charlaban animadamente — realmente aminoramos el paso para observar mejor cómo sus vaqueros narraban en directo la trayectoria de unas caderas de sueño, en las que no se ponía el sol, como en aquella afortunada España de Felipe II—; en un momento dado empezaron a cantar la canción Al Alba. Al pronto sentimos que alguien llegó a nuestra altura y siguió coreándola, con ese timbre único que no podía ser más que de Aute; cómplice de nuestras desventuras, venía con la sencillez que siempre lo ha caracterizado: andando solitario y pensativo, con las manos en los bolsillos, con una camisa negra sobre la que caía esa melena que lo caracterizaba en aquellos tiempos. Ellas miraron hacia atrás con extrañeza y casi se desmayan del susto, todos nos echamos a reír y el les dijo que siguieran cantando. Antes de llegar al auditorio, en un arrebato, le pedí su teléfono con no sé que excusa. A través del tiempo seguí su trayectoria y guardo algunos discos con una cariñosa dedicatoria; no pude comprar alguno de sus cuadros pero me regaló un esbozo de la aquella tarde.

Me gustó especialmente la canción Dentro y lo comentaba con los amigos a la salida.

"Mi mano ahuyentó soledades
Tomando tu forma precisa,
La piel que te hice en el aire
Recibe un temblor de semilla."


No hay forma más bella de contar una masturbación. Yo creo que esto me animó mucho a experimentar con la palabra.

Hasta el último momento dijo que quería ser un niño y por eso seguía combinando colores, mezclando palabras con fotografías e imágenes, la música en su piel última, sin descanso.

"Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas"


Le cuento estas cosas a Maite y comparto con África que también mi amigo estaba en los momentos finales de su vida con su esposa y su perro. Dos seres que espero también sean mi compañía última, los que me vean morir.
"en la trinchera,
con un beso por fusil"

Canalla, estés donde estés, te quiero.

Día 11
Querido diario:

“De vez en cuando la vida nos besa en la boca
y a colores se despliega como un atlas,
nos pasea por las calles en volandas
y nos sentimos en buenas manos.

Se hace de nuestra medida, coge nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como el niño
cuando sale de la escuela.”


Serrat, De vez en cuando la vida

Ayer, por un chat que tenemos los amigos, comenté que iba a hacer un alioli, en mortero que es como sale sabroso, para acompañar unas patatas al horno y a cocinar un arroz en paella, con verduras y costillejas de cerdo: se presentaron tres en casa, dos de ellos venían escondidos en el maletero del coche de Alfonso, que podía circular libremente porque hay restricción, por matrícula, en el país. Arrastran veinte días de reclusión y se quejaban de que no podían más estar sin compartir con los amigos. Traían unas botellas de vino y muchas ganas de charlar. Maite se enfadó, como es normal en este caso, y nos dijo que parecíamos niños jugando al escondite. —Estáis en regresión mental —comentaba mientras se metía en casa; supongo que sus esposas también se molestaron con toda la razón. Se están presentando unas situaciones chocantes de carácter ético: ¿los echas a la calle, alegando que estamos en cuarentena, o convives con ellos un rato para descargar emociones?

Opté por lo segundo: nos saludamos a la distancia, como es la nueva costumbre social, y respetamos escrupulosamente todas las normas, sobre todo lavarse las manos frecuentemente, puse una botella con alcohol en gel, a la que acudíamos con frecuencia, y mantuvimos las distancias; además permanecimos siempre al aire libre. Muchos me dirán que fuimos unos brutos ¿qué es peor, llegar al hastío o mantener la esperanza? ¿Qué pasa con esas familias que viven confinadas en pisos de cincuenta metros?

África se puso a saltar como loca por ver caras nuevas en su entorno, nota que son mis amigos y siente también mi felicidad. Esto tiene trazas de continuar un mes más cuanto poco, estamos preocupados. Ya empiezas a temer se te rompa un electrodoméstico, que se cumpla la ley de Murphy y que la tostada caiga al suelo siempre del lado de la mantequilla, tienes miedo de que un familiar fallezca y no puedas ir a despedirte de su cuerpo, tienes miedo a estornudar las miserias cotidianas, miras con recelo a todo el mundo como potencial enemigo. El miedo empieza a adueñarse del pensamiento. Las defensas sicológicas parecen mermar. Las teorías conspiratorias empiezan a celar nuestro firmamento, vemos fantasmas por cualquier lugar, utilizamos un lenguaje bélico a menudo.

Charlábamos de esto mientras el olor de la paella inundaba el paisaje de azafrán como los monasterios budistas de su color trascendental. Escuchábamos a Serrat mientras tanto y sonó la canción Aquellas pequeñas cosas, se hizo un silencio y nos mirábamos conmovidos mientras la coreábamos casi como un himno.

“Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve”


Te escribo esto emocionado, a veces tengo que parar porque se me nublan los ojos un poco, pero estoy feliz de haber sentido el calor humano, el valor de la amistad. Y es que todo esto parece ciertamente celdas de meditación obligatoria. Quizás lo que no hemos hecho estos últimos años. También algo muy significativo, es que empezamos a valorar la suave caricia de las pequeñas cosas.
Me vienen a la memoria aquellas palabras de Facundo Cabral:

“No estás deprimido, estás distraído,
distraído de la vida que te puebla.
distraído de la vida que te rodea:
Delfines, bosques, mares, montañas, ríos.
No caigas en lo que cayó tu hermano,
que sufre por un ser humano cuando en el mundo
hay 6000 millones.

Además, no es tan malo vivir solo.
Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer,
y gracias a la soledad me conozco;
algo fundamental para vivir.”


Día 12
Querido diario:

"¿Para qué sirve un campo de golf? Pues para jugar al golf. ¿Y el de tenis? Para jugar al tenis, pues un campo de prisioneros sirve... para evadirse."
Hilts (Steve McQueen)
La gran evasión de John Sturges

—Yo me escapo a Madrid, ¿te vienes Maite?
—Claro que sí, sólo dame unos minutos para que pueda pintarme las uñas antes de entrar al túnel.
—Ya que estás en lo del perfume, ¿por qué no te pones el mantón de manila para que pueda cantarte:

“Cuando lleguemos a Madrid, chulona mía
voy a hacerte emperatriz de Lavapiés;
y alfombrarte con claveles la Gran Vía,
y a bañarte con vinillo de Jerez.”

?

Ayer me levanté sorprendido, todo me olía a Villa y Corte: al asfalto con bucanero, al jubón de los primeros Austrias, al neón con piel de travestí, a las fresas sin Aranjuez, a las tertulias del Gijón cuando estaba en primera división, al Guernica de Picasso y qué he hecho yo para merecer esto, al semen primaveral del Retiro que preña sus barcas, a las mesas del café Bilbao cuando estábamos en Sevilla, a la tinta de los diarios que rondaban enamorados los quioscos cuando apenas se conocía Internet; en aquellos días que para amenizar el primer café, comprábamos el diario y leíamos las noticias al revés. Hasta África, extrañamente, ladraba esa mañana con una zeta tan marcada que parecía de Chamberí. Mi vecino que tiene un extraño y pequeño negocio de repostería —él dice que es predicador y que por las mañanas hace churros, pero yo le digo a Maite que tiene pinta de conspirador; por si acaso, mantengo ciertas distancias, tanta simpatía me causa extrañeza, además el no bebe— me trajo unos picatostes con cara de protestantes que yo bauticé con un chocolate de monasterio, para santificarlos; también porque hacen una combinación excelente en el cielo de mi boca —como tengo un amigo que es productor de cacao en Ecuador, nunca me falta materia prima de calidad—. Luego, para demostrar que soy cristiano viejo, y no me vengan los del Santo Oficio con sus caricias, me tomé una copita de licor de madroño, de primera prensada, para hacer la digestión. Después de cuatro chupitos, uno entiende que las fronteras físicas y mentales nos las ponemos nosotros; en la naturaleza no las hay y si nos las imponen saltamos a la comba, que para ello están los túneles.

“Madrid amanece
entre sueños perdidos
confusión y sorpresas latiendo en las venas.
Y entre tinieblas de fiebre
se abre paso la luz,
es como una resaca contagiosa y común
que te vuelve a recordar:
Qué solo estás, qué solo estás, qué solo estás,
en medio de tanta gente,
qué solo estas”

Hilario Camacho

Al poco de terminar este delicioso desayuno me llamó mi hijo desde el corazón de las jaras, donde trabaja y estudia, para saber cómo estaba y dónde; para contarme cómo le iban las cosas.
—Pero Abel, si estoy en Madrid.
—¿Qué dices papá, en serio? – la criatura que ha vivido ya tanto no se sorprende de nada conmigo, me eché a reír.
—Sí, me levanté cerca de la Plaza Mayor y fui a desayunar al bar - y le conté la anécdota anterior.
—Jajaja, podías habérmelo dicho antes para darte un aviso de consolación.

“Allá donde se cruzan los caminos
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo
pongamos que hablo de Madrid”

Sabina

Aprovechando estos días disfrutamos de nuevo con los grandes clásicos del cine. Ayer lunes de pasión, cuando Jesús de José ya empieza a pensar seriamente que le va a ir mal en estos días, con la ayuda de Charles Bronson realizamos una gran evasión excavando tres túneles: el de la vida, el del amor y el de la muerte. Este último es consustancial al existir, el segundo neutraliza la entropía y el primero nos llevó directamente a Madrid; ciudad a la que amo tanto como Maite; nos gusta pasear por su gastroenteritis —también lo hice por escapar del vecino que me sonrió otra vez sospechosamente, ya empiezo a pensar que le gusto, me estoy mosqueando, me quedaría más tranquilo si, de soslayo, le echara un vistazo al culo de Maite cuando pasa frente a su puerta—. Para consolidar los túneles mejor y sus paredes no se desmoronaran —para almorzar—nos hicimos unos callos a la melancolía, unas papas a la brava y nos servimos unos chatos de vino de San Martín de Valdeiglesias:

"Madrid, Madrid, Madrid.
Pedazo de la España en que nací.
Por algo te hizo Dios.
La cuna del requiebro y del chotis."


Me levanté en un arrebato, la agarré de la cintura y en el cuadro que limita la baldosa de un recuerdo con el firmamento de sus ojos, la hice girar sobre nuestro diario, contándole aquellas fiestas de San Isidro cuando íbamos a los barrios a disfrutar de la verbena castiza y de una mahou fresquita y la apreté bien para que el vecino se diera cuenta de mis intenciones. Los años de la movida y sus anécdotas. En aquella transición Suárez estaba agotando su periodo político y el PSOE, con Felipe González a la cabeza, se vislumbraba con la ilusión del rosal siguiente. En Madrid se vivían tiempos de mucha vitalidad en todos los aspectos: culturales, artísticos, sociales. Las Escuelas y facultades vibraban, la noche y sus bares vibraban. Los recuerdos son tan bellos e intensos que todavía los amigos nos mandamos fotos de aquellos lugares cuando pasamos de visita algunos días. Una evocación quiero dejar para el garito Elígeme, donde de vez en cuando nos encontrábamos con Sabina tomando copas, otro para el Barberillo de Lavapiés, que nos dejaba a buen precio el corte.

"Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
cuando cae la tarde coge el metro hasta Sol;
romántico y torero, guitarrero y cantor,
de mujeres y vinos muy buen catador.

Les habla de Unamuno, de Goya y de Colón,
lleva a sus "guiris" a un piso coquetón
y después de unas copas lo que allí sucedió
ni lo cuentan las crónicas, ni lo contaré yo."

Pablo Guerrero

Día 13
Querido diario:

Hoy estaba decidido a escribir un poema que tengo pendiente, sobre El gato de Schrödinger, como me sugirió mi hermano Martínez Ferreiro, preceptor de la Orden de Santa Godella y notable bardo, pero vi que la escritora y compañera Ana Muela Sopeña se me adelantó: las mujeres tienen una intuición y sensibilidad muy exacerbada para detectar dónde hay algo que decir y sacarle partido. Yo, que ando bastante falto de inspiración siempre, no sé, ahora, qué hacer para exponer algo distinto sobre un tema tan interesante y no quedar como una mera antena, repetidor de la señal primera.

Por la envidia que siento hacia el grupo de gallegos -prolíficos, como conejos de la hermosa Sefarad- que escriben en el Foro, pretendía acrecentar mi participación en este y competir con ellos, en fecundidad y brillantez creativa. Yo no sé que les dan de comer por allí -a ellos, no a los conejos que supongo será igual que aquí-; reflexionado sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que algo tiene que ver con los grelos que tanto consumen con lacón o zamburiñas; una brássica china que mandó de regalo el gran aventurero Marco Polo a la tierra de Santiago, para acompañar a la lamprea en su divino peregrinar, desde el Finisterre hasta los ostentosos buches de los Obispos de Mondoñedo; famosos por engullir, en una sentada, tres urogallos confitados al estilo Carballal. De todas formas, tengo que consultar esto con la célebre botánica Pilar Morte, otra fecunda escritora por cierto. Creo que voy a decirle a mi hermano Fe que en lugar de mandarme todas las semanas una caja de percebes, mejor lo cambie por esa hierba mágica que propicia tanta lírica y una luna de versorrea fascinante; a él le va a salir más barato y a mí me puede ayudar con algún poema que de vez en cuando pondré en Alaire para que no se olviden sus conciudadanos de mí.
Para completar este asunto y no faltar a la verdad, he de decir que uno de ellos es un poco extraño; parece una reencarnación de Panero, y no puedo afirmar si tiene que ver con un exceso en el consumo de la antedicha verdura, por lo cual debo andar precavido y hacer las investigaciones pertinentes. De nos ser los grelos el esperma que los fecunda, tendría que pensar en una interesada y directa acción del Apóstol Santiago, lo cual sería a todas luces injusto pues dejaría en franca desventaja literaria a lugares tan alejados y aristocráticos como Mallorca, que tendrían que recurrir entonces al beato, vía cultus inmemocial, Ramón Llull, lo cual no es moco de pavo pues significaría una lucha ecuménica sin precedentes para lograr un equilibrio poético entre regiones.

Ayer le decía a Maite que últimamente estoy pensando en demasiadas cosas teóricas y eso inhibe la espontaneidad, como bien dice mi amigo Luis Tarzán. A mí, que siempre me ha gustado escribir idioteces, a vuela pluma, empiezo a darme cuenta de que tanto estudio etológico me afecta y me genera angustia; es como la primera vez que no tienes una erección suficiente y empiezas a darle vueltas a la cabeza, a obsesionarte con la edad; te entra primero el miedo y luego, a la cuarta vez de pegar un gatillazo, el terror. Yo creo que, para relajarme, debería copiar alguno de los versos de Muela Sopeña; eso sí, haciendo la reseña de rigor a su autoría. También, como alternativa, estoy pensando meter en la caja a África; ella es una maquis y sé que es capaz de estar al mismo tiempo en todos los estados atómicos posibles mientras que le prepare unas deliciosas patas de chancho; le apasiona repelar los huesos.

Cambiando de tema. A mi vecino le ha dado ahora por traerme manducatoria, no sé si es que me ve famélico o yo quiere convertirme su causa por el estómago; ayer escribía que este tipo es sospechoso; tampoco quiero parecer un paranoico al estilo Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios. Tiene un perro feo y gordo que siempre se mea, a las ocho de la mañana en punto, que le parece a Kant, en la puerta de mi casa; como estoy leyendo algo de historia, para matar el aburrimiento, me acordé que los emperadores romanos tenían entre su servicio probadores de su comida, los famosos praegustatores, para que nos los envenenaran; yo, por si acaso, primero le doy un poco a esa salchicha con patas de mi vecino y observo sus reacciones fisiológicas; si pasa esta primera exploración, le doy algo a África que tiene buen estómago y después a Maite, que está muy joven y tiene un vigoroso sistema inmunológico; si todo va bien y queda algo en el plato, entonces lo pruebo y le doy las gracias al vecino.

Armilo Brotón
Última edición por Armilo Brotón el Jue, 09 Abr 2020 4:21, editado 32 veces en total
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Re: Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

por Ana García » Vie, 27 Mar 2020 22:01

El hombre y la poesía

Ese amor que en las desdichas crece
de viviente mortal, cadáver sombra.
Lope de Vega

La poesía no resuelve los grandes interrogantes, más bien los plantea:
¿Por qué mueres tú y yo no?
¿Yo soy la herida si me acerco a ti?
El poeta y sus voces antagónicas confunden a veces. Poemas-imagen reflejan y son, a su vez, reflejos. La historia de la poesía, como la del hombre, no lleva a ninguna parte. Es un camino en sí misma (qué bella frase) o puede ser el cristal en el zapato:
—Si respiras la nada, puedes adentrarte en las grutas del silencio absoluto, donde la luz no existe, ni siquiera una pizca de pensamiento.
Y la frase te rompe por dentro porque a veces las palabras son demasiado certeras.
¿Qué más quisiera el poeta que lograr que el poema, o simplemente el verso fuera una medicina natural que ayudara, con una caricia, a sobrellevar el duelo sin muerto y el adiós sin beso?
Cada persona inventa su propio código lingüístico, sus imágenes y sus símbolos. Pero hay palabras que no encuentran su lugar en un discurso poético. Una intenta evitarlas como puede. Son palabras que liberan. Y tras esas palabras encontramos el mundo complejo que vive el poeta:
—En busca de la tierra más feliz, surgen las luces fugitivas.

¿Para qué seguir escribiendo? Otra gran pregunta cuya respuesta puede ser decepcionante e imprecisa. Tantos años de ejercicios literarios no servirán para responder —ni siquiera con hechos— a cuestiones fundamentales.
¿Qué poema puedo escribir para calmar la pena de mi prima que no va a poder estar, en el hospital, con su hija?
Última edición por Ana García el Lun, 13 Abr 2020 21:49, editado 1 vez en total
Quien posee mujer e hijos ha entregado rehenes a la fortuna. Francis Bacon.
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Re: Participa: Día Mundial de la Poesía (prosa)

por Hallie Hernández Alfaro » Lun, 30 Mar 2020 13:33

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Carta abierta al ministro presidente Mark Rutte:

He quedado perpleja frente a sus palabras, he sentido el golpe en sangre propia.

Europa, este clásico y antiguo continente que habitamos, ha sido testigo primoroso de contiendas, de revoluciones, de acuerdos.
Europa ha unido sus voces para defender un conjunto de valores, un arco de triunfo, un corazón de posibilidades hermanas y compartidas.
La situación actual, a nivel planetario, es muy grave. Usted lo sabe bien. Lamentablemente no podemos, en el inmediato aquí y ahora, extender la mano a todos aquellos que lo necesiten. Pero, convendrá usted conmigo, señor Rutte, que ejercer la solidaridad no tan lejos de casa, en un país tan valeroso como España, no debería ser objeto de vacilación, menos aún, de negación.

La protección de los recursos económicos propios es un deber de cada nación, en cualquier geografía. Pero sucede que hemos recibido en el mundo, una espantosa contingencia: el corona virus. La hemos recibido como un dudoso regalo de la causalidad. Entonces, señor Rutte, le pregunto: ¿Cómo puede Europa mirar hacia otro lado si un territorio de su comunidad sufre de manera escalofriante los azotes de la pandemia?
Yo, estoy segura que usted es un hombre honesto, una figura política decente, por eso, señor Rutte, por eso, mi asombro ante su actitud frente al desgarro que conlleva el virus y su horrendo impacto en la economía de Europa del sur.

Quiero creer que usted reconsiderará su posición, que usted extenderá la generosidad hasta los otros ciudadanos europeos, hasta aquellos que necesitan de la fortaleza moral de su gobierno.
Quiero creer que usted no cerrará puertas, ni apaleará el hermoso concepto de Solidaridad.

Atentamente,

Hallie Hernández Alfaro

(Ciudadana europea, hija de España y emocionalmente comprometida con Holanda).
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