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Cadáveres exquisitos, o no tanto

Mensaje sin leerPublicado: Jue, 03 May 2018 2:33
por Ignacio Mincholed
Cadáveres exquisitos, o no tanto

Max Ernst caracterizó la práctica de lo que se viene llamando cadáver exquisito bajo el término de contagio mental. Se refería a la evidencia del contagio intelectual que se producía entre los participantes en el juego, grupo que por lo general estaba constituido en su mayoría por personas que se conocían bien entre sí y que mantenían una interacción cultural fundamentalmente en torno al arte y la sociedad en general.

Este contagio mental estaba en consonancia con los principios comunes, en origen, propios del movimiento surrealista, siendo uno de ellos la revelación de la subjetividad inconsciente mediante un proceso que dieron en llamar automatismo. Sobre este aspecto surrealista de lo inconsciente y lo automático ya he mostrado mi opinión en algún artículo en el que expongo mi discrepancia sobre que, realmente, el resultado del proceso sea puramente surreal si no es en el contexto de lo real. Sin embargo, si estoy de acuerdo en que el Surrealismo propone una forma de expresión más allá de lo real por la que afloran, eludiendo cualquier fase de pudor o convencionalismo, diferentes aspectos que no son evidentes si deseamos entenderlos como reales. Es un modo de expresar mediante representaciones literarias, poéticas y de artes plásticas, esos espacios interiores que rondan entre el deseo y la angustia. Deseo que permanece oculto bajo las capas que la sociedad del momento se ocupa en establecer. Angustia existencial ante la visión inconformista del mundo tal y como se manifiesta y se representa. De modo que, con sus derivaciones, son los elementos fundamentales del Surrealismo.

Dadá, como movimiento, surge desde el cuestionamiento del hecho artístico y del arte en sí como aportador de valores. Un fuerte sentido de rebeldía frente a lo establecido y la intervención del azar y lo aleatorio determinaban sus principios artísticos.
El Surrealismo, derivado de estos principios iniciales del Dadá, incorpora a su ideario la búsqueda para hallar un punto de encuentro entre lo comunicable y lo incomunicable de modo que dejen de ser percibidos contradictoriamente. Es oportuno indicar que se inició como un movimiento entre escritores y para escritores, que luego se extendería a la pintura y las artes plásticas en general. Las escisiones motivadas por las maneras de interpretar el concepto surrealista darían lugar a la nebulosa que, todavía hoy, envuelve estas manifestaciones.

Podemos poner en el punto de partida de los llamados cadáveres exquisitos la visión Dadá de Tristan Tzara cuando se manifiesta contrario a cualquier sistema, y consideraba que el mejor sistema es precisamente no tener ninguno.
Tanto Breton como Soupault, adscrito al movimiento Dadá y que luego se integraría en el surrealismo, habían iniciado sus experimentos sobre el automatismo aplicado a sus escritos poéticos mediante el encuentro con el azar, la rebeldía, la modernidad y el antiarte a la búsqueda del supuesto automatismo de la manifestación inconsciente del espíritu.

El juego, procedimiento, de lo que entendemos como práctica del cadáver exquisito consiste en que cada participante aporta un fragmento, en principio literario, de forma verbal o escrita, y que posteriormente pasaría a incorporar elementos gráficos, sin más propósito que el de dar lugar a un resultado indeterminado y no sujeto a sistema o precepto alguno. Es una práctica que se adjudica en origen a los surrealistas aun no siendo una contribución propiamente del movimiento Surrealista sino que viene precedida por las ideas y prácticas del movimiento Dadá.

Uno de los resultados de este juego, modelo por antonomasia, es la frase desde la que se acuñó el término cadáver exquisito para denominar estas prácticas:

El cadáver exquisito beberá el vino nuevo.

En un análisis somero, sin mayor pretensión que una identificación rápida de los elementos, se pueden notar aspectos que no parecen obedecer a una revelación automática sino a un proceso definido por lo consustancial de las inquietudes intelectuales y el ambiente social y físico que rodeaba a los intervinientes en el proceso.

La angustia existencial, el temor a la muerte (cadáver), la búsqueda de una excelencia cultural y estética (exquisito), la confrontación con lo establecido; la novedad de una modernidad acuciante, presiden mediante el sintagma “cadáver exquisito” dos manifestaciones muy propias de la aventura intelectual de la época.
La experimentación con cualquier elemento disponible y con cualquier sustancia que pudiera contribuir a revelar la necesidad interior de ese pretendido automatismo subconsciente era bienvenida, deseada y aceptada. Así, el alcohol en cualquiera de sus presentaciones y destilados, licores, anís y sus primos como la absenta, estaban presentes en prácticamente todas las reuniones. No obstante, el vino era más barato y siempre estaba más a mano. Por lo tanto, en el sintagma “beberá el vino”, se puede identificar una alusión al deseo tanto de búsqueda mediante la experimentación -beber, abastecerse de experiencias- como al propio deseo de satisfacción personal -beber en sí-, sin tener que señalar que la botella de vino era algo que estaba delante de sus ojos. Por último, cerrando el círculo, aparece: “nuevo”, reiterando el deseo por salir de la angustia, del hastío, y encontrar esa novedad tan esperada que les sacara de la insatisfacción que les producía un panorama que en sus círculos entendían viciado por una sociedad anquilosada y torpe.

Así pues, no parece tan extraño que pudiera surgir un resultado como el que asignó nombre al juego (independientemente del orden en que hubiera podido aparecer cada término). No parece tanto un hecho surreal en cuanto a los presupuestos propios del manifiesto surrealista sino una manifestación natural y aleatoria sobre aquellos aspectos que regían sus inquietudes intelectuales y su producción creativa. Una puesta en escena de aquello que, participando de forma patente de la realidad, les inclinaba a mirar más allá en una contraposición formal.

Para que se produzca ese contagio mental al que aludía Max Ernst es fundamental la idea de grupo; grupo caracterizado por la afinidad entre las personas que lo forman, su conocimiento entre sí y una vinculación, en mayor o menor medida, con las inquietudes propias del grupo, tanto en lo personal como en lo intelectual. Cuanto más alejados estén los miembros del grupo en cuanto a inquietudes comunes y afinidad más impredecible e impreciso será el resultado. Consecuentemente, menos válido como expresión creativa bajo una voluntad conjunta, y todavía menos si lo que se pretende es una ejecución con proyección artística. Así pues, la cohesión del grupo determinará de forma inversamente proporcional los resultados. A menos cohesión más resultados inconsistentes.

Esto, practicado por un grupo con mínima cohesión y llevado al terreno de la poesía, en mi opinión, resulta caótico. Pero no diré que el caos no me interese ni que no pueda producir poética y belleza. En todo caso, podría resultar una poética inversa, en la que habría que encontrar los fundamentos no en una voluntad inicial sino en un final sobrevenido, prescindiendo de cualquier principio generativo sobre el objeto poético. Cuestión esta que no creo pertinente para la poesía salvo desde un particular análisis crítico con el que intentar, en un rizar el rizo, encontrar concurrencias forzadas mediante referencias circulares para sugerir nuevas referencias, pero, en este tipo de análisis, sin duda, estaremos falseando el concepto tanto hacia el punto de vista del autor/es como hacia el lector, crítico o no.

Desde el objeto poético se puede proponer cualquier iniciativa, descifrar las claves de lo sensible o por el contrario encriptar, así como, si se desea, llegar al caos; pero, eso sí, siempre desde un principio generativo y no desde un final sobrevenido. Desde lo caótico como objeto poético podemos llegar a deconstruir analíticamente la poética que cada cual encuentre en el caos, pero siempre que los elementos del producto a deconstruir constituyan una estructura conceptual, ya que de otra forma no podremos encontrar conceptos concomitantes en aquello que no los tiene. De otro modo abriríamos la puerta a la justificación de cualquier arbitrariedad mediante otra arbitrariedad. Cuestión no descartable, pero que no suscribo.

Los principios de acción que en su momento dieron lugar a la experimentación de las vanguardias mediante el cadáver exquisito quedan muy lejos de la motivación actual de su práctica. Entiendo que actualmente, aplicado a la poesía, su ejercicio obedece más al propio espíritu lúdico del juego que a cualquier otra causa. Conlleva la idea de experimento sin más misterio que la continuidad del proceso, en una especie de coloquial esperanza del “vamos a ver qué sale”, cuestión que contradice el principio de pulsión intimista del poeta. El fondo subjetivo y el conocimiento del poeta quedan diluidos en proporciones homeopáticas. No digo que corrompa la creatividad, pero cuando menos la desvirtúa quitándole importancia al hecho creativo desde todos sus componentes intrínsecos, devaluando así mismo el resultado ante un lector ajeno al proceso y aproximándolo a la desorientación e incluso acercándolo al fraude intelectual.

El resultado siempre es accidental, sin propósito, en el que las paradojas y contradicciones quedan en simples juegos de palabras. No presenta argumentos artísticos más allá de los que se quieran interpretar bajo una visión relativa del todo vale. Los efectos de sorpresa, los giros, pueden aparecer tanto como desaparecer diluidos en el texto. En el proceso se pierde la fuerza intencional de lo simbólico magnetizada por lo accidental, igual que no podemos considerar aspectos estéticos conformados desde una visión unitaria. Lo metafórico se ve aislado, reducido en el contexto a frases felices, los signos se deshacen en un viaje hacia no sabemos dónde.

En su favor diré que es una práctica que al no verse condicionada distiende la creatividad, aunque no sea una creatividad orientada. A su vez puede sugerir, provocar, propiciar y quizá abrir nuevas líneas de partida para un autor, y, eso sí, divertir.
Puede resultar saludable al dejar de lado el ego, si es que cada autor no entra en lucha frente a los fragmentos de los otros autores queriendo íntimamente quitar o poner, situación que se si produce echa por tierra el sentido del juego y pasa a convertirse en una obra coral sin una proyección verdadera.

Noam Chomsky, lingüista controvertido a quien le debe mucho la sicolingüística moderna, acuñó la frase:

Las verdes ideas incoloras duermen furiosamente.

No tenía ninguna intención poética (si es que se pretende buscar) sino que la ideó para demostrar que las oraciones sin sentido pueden ser gramaticalmente correctas, así como que las sucesiones de palabras improbables también pueden ser gramaticalmente correctas. ¿Qué podemos ver o deducir de esa frase? Realmente nada porque nada quiere decir, pero también admite cualquier valor que le queramos asignar. Será un valor, eso sí, sin argumento alguno, sin conciencia, y por lo tanto un valor falseado.

Es el mismo efecto que el de un cadáver exquisito, una elección de asociación aleatoria en una composición arbitraria, ya que un resultado igual podría ser otro con los mismos textos. La diferencia radica en que la autoría es única o compartida. En el caso compartido todavía se diluye más cualquier propósito creativo ya que no parte de una iniciativa bajo una visión o espíritu común. ¿Es el proceso y su resultado un ejercicio artístico? Entiendo que no. Obedece a una exploración estética en la que se prescinde de una ética como propósito, entendiendo ética desde el ethos como el conjunto de signos y modos de comportamiento que forman el carácter distintivo, la virtud de una obra.

O sea, no se advierte la proyección de virtud alguna, si la hubiera. No hay una intencionalidad formal como fenómeno persuasivo hacia el receptor de la obra. Así pues, los juicios que se puedan derivar desde otro sentido retórico, el pathos, como conjunto de emociones del autor/es resulta igualmente nulo al no estar presente en la obra ese sentido por la ausencia de significación de la emoción propia; ausencia del pathos en la voluntad del autor, que queda sujeta más bien a lo impredecible y no a lo intencional. En este contexto en relación al arte, el ethos y el pathos constituyen el pulso creador del poeta, o el artista en general. El ethos sería la confianza que nos propone el poeta (desde un sentido) ante su obra, el pathos sería la emoción (desde una emoción) que provoca la obra ante quien la observa.
Por consiguiente, si la obra parte de una intencionalidad hacia una historia de persuasión para lograr un convencimiento, si contiene la expresión de un concepto/pensamiento desde una voluntad en una proyección hacia la realidad de lo sensible; la obra presentará un sentido artístico que podrá ser tomado en serio en una realidad formal. De otra manera, el peso en la realidad formal es nulo por cuanto se falsea el propósito de la obra.

Aquí podríamos entroncar con algunos aspectos expuestos en el debate en este mismo foro sobre, “Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos”, en cuanto a la percepción cognitiva de textos que no podrán ser analizados en puridad salvo desde la perversión del sentido, ya que en algún caso pueden no tenerlo, y habría que inventarlo o suponérselo a posteriori. Esto supondría falsear para justificar un propósito inexistente. Sería el caso, o al menos lo rozaría, de la farsa a la que se aludió en dicho debate.

Dije, en una parte de ese debate dirigiéndome a Óscar Distéfano, que:
“Cuando me enfrento a una pieza de arte y una poesía lo es o al menos tiene vocación, lo hago de tal forma que entiendo que lo manifestado, así como el modo, es lo que el autor ha pretendido”.

Steven Pinker, sicólogo e investigador del lenguaje, propuso lo que él llama “generador de jerga de ciencias sociales”. Consiste en una matriz de tres columnas en la que en cada columna están escritas palabras con muy baja probabilidad de que puedan encontrase en una misma frase. Por ejemplo, en la primera columna hay palabras como: interdependencia, difusión, periodicidad, síntesis… plasticidad, epigénesis. En la segunda, otras tantas como: degenerativa, agregadora, transfigurativa, simulada… cooperativa, diversificadora. Y, en la tercera: dialéctica, positivista, multilateral… divergente, sincrónica, integrada.
Podemos escoger una palabra al azar de la primera columna, otra de la segunda y otra de la tercera y ver el resultado. Por ejemplo, tomando las primeras de cada columna resultaría:

Interdependencia degenerativa dialéctica.

¿Un cadáver exquisito? ¿Un sinsentido desde el punto de vista de la coherencia expresiva del lenguaje aun siendo gramaticalmente correcto? Incluso puede parecernos algo fruto de una altísima creatividad, cuando realmente no hay nada.

Cada cual puede decidir. Cada cual puede formar sus propias matrices con tantas palabras como quiera considerar, más poéticas o más técnicas, cultas o vulgares, y combinarlas al azar o siguiendo un patrón matemático o el que prefiera. El resultado es realmente divertido, tanto como ausente de sentido porque no parte de una iniciativa de la voluntad creadora sino de una especulación de creatividad aleatoria. Esto, considerado en la esfera poética, no presenta ningún propósito de persuasión hacia el convencimiento porque no lo hay, y, por lo tanto, tampoco habrá espíritu poético alguno.

Otra práctica similar, en principio, al cadáver exquisito sería el collage. Cortar y pegar. Técnica con la que Max Ernst realizó gran parte de su obra. Puede parecer que el collage parte de principios comunes y, de algún modo, es así pero con diferente perspectiva. Cortar y pegar, pero cortar y pegar desde una creatividad orientada, desde una voluntad.

Se dirime todavía si corresponde a Picasso o a Braque la primera incorporación del collage al ámbito artístico. En cualquier caso se tiene a Picasso como el que inició esta técnica mediante su obra “Naturaleza muerta con silla de rejilla” datada en 1912. En este momento no importa, lo que sí importa es la necesidad que como expresión representa el collage, que a fin de cuentas es una disposición de elementos, trozos, retazos, materiales, textos… dispuestos según el modo de entender y sentir del autor.
En el caso tanto de Picasso como de Braque, la incorporación del collage en sus obras obedece a un planteamiento del Cubismo en cuanto a extensión en la búsqueda de la representación tridimensional en un único plano bidimensional. Esto es, tiene un sentido.

La incorporación de materiales y objetos cotidianos, el objeto encontrado, en combinación con obras pictóricas se atribuye a Marcel Duchamp aunque, en paralelo, o al menos como pionero, están las contribuciones de Kurt Schwitters que abandonó el movimiento Dadá para formar un movimiento escindido que daría en llamar Merz. Schwitters indicó signos de una nueva poética desde una subjetividad de modernidad de las vanguardias en la poesía y las artes plásticas hasta llegar a influir en el mundo editorial con las revistas Merz. En sus ediciones los collages textuales y gráficos, junto a la poesía, eran representativos de los conceptos mantenidos por el movimiento Dadá en cuanto a una expresividad que obedecía a principios de oposición a la razón y a lo convencional, oposición al concepto burgués del arte y demás principios bien conocidos. Tenía un sentido artístico.

La integración textual y gráfica daría entrada a la poesía visual, capítulo aparte y de gran interés por su expresiva fuerza poética que defiendo en su vinculación al arte. Ya sea en papel como soporte físico o mediante la incorporación de elementos corpóreos o multimedia y, cómo no, mediante las posibles combinaciones de unos y otros.

Sea como sea, el cadáver exquisito, las matrices de palabras, el collage y la poesía visual, y sus derivaciones, abren la puerta a la obra colectiva, pero igualmente si la intervención se hace a ciegas entre los participantes; esto es, de modo que los textos, elementos, imágenes y materiales sean elegidos sin tener en cuenta el objeto poético, estaremos ante las mismas líneas ya comentadas; más todavía si los participantes no tienen entre ellos un nexo intelectual aproximativo a los principios que integran el proceso.

En mi opinión, en cualquier poema como obra colectiva se producen pérdidas del espíritu poético si se pretende un resultado conducente a la representación artística del mundo sensible. Con esto no quiero decir en absoluto que las diferentes visiones, lo aleatorio, la combinación, el azar, cambiar lo de arriba por lo de abajo, sean efectos ajenos al ámbito de la poesía; pero no darán resultados para una consideración formal si no vienen precedidos por un principio generativo sobre el objeto poético desde una visión crítica, ya sea explícita o implícita. De otra forma estaremos ante un ejercicio que, por aproximación en el mejor de los casos, puede presentar una propuesta estética pero ausente de valores intrínsecos.

Re: Cadáveres exquisitos, o no tanto

Mensaje sin leerPublicado: Mar, 08 May 2018 11:56
por Ignacio Mincholed
Como nota complementaria, y más como anécdota que otra cosa, quiero referirme a un tipo de juego de mesa que se practicaba en la época victoriana para animar las veladas sociales. Bien podría ser un antecedente como también podría no tener ninguna relación con la iniciativa del cadáver exquisito.

En este juego no se buscaba un relato común sino determinar una consecuencia derivada de una serie de datos y sucesos. La mecánica incluía los nombres propios de los participantes en el juego, una acción, el lugar donde se producía dicha acción, y un breve comentario. Cada participante anotaba los datos en líneas separadas doblando el papel mediante pliegues de forma que cada línea quedaba oculta a los demás, salvo la última en la que estaba escrito el comentario que solo podía ver el siguiente participante. Esa línea daba pie para repetir la mecánica y así sucesivamente hasta completar los turnos, repitiendo el proceso tantas veces como decidieran. Al final, se desplegaba el papel y se leía paso a paso cada línea descubriendo el proceso de cómo se había llegado a la consecuencia final que venía dada por el último comentario.

¿Antecedentes del cadáver exquisito? Lo social se refleja en el arte.

Re: Cadáveres exquisitos, o no tanto

Mensaje sin leerPublicado: Mar, 08 May 2018 13:25
por Pablo Ibáñez
Muy interesante e instructivo todo el artículo, Ignacio. Lo he leído con atención y he aprendido muchas cosas que desconocía.

Un abrazo.

Re: Cadáveres exquisitos, o no tanto

Mensaje sin leerPublicado: Vie, 08 Jun 2018 13:45
por Óscar Distéfano
Ignacio: lo que he escrito luego de leer tu interesante trabajo, son apreciaciones mías, algunas veces documentadas y otras veces no. No estoy seguro de que pueda enriquecer lo que ya has expuesto; pero, quizás sirva para machacar un poco más sobre la idea general de lo que has manifestado.

Yo entiendo que el proceso original de lo que se conoce como cadáver exquisito era algo parecido a una carrera de posta. Cada nuevo participante debía tomar la noticia y correr hasta la siguiente posta, con la diferencia de que cada uno aportaba algo más a la noticia recibida. Y creo que para participar de este proceso lúdico debe, indefectiblemente, existir una previa donde el "desarreglo de los sentidos" es una condición, y éste se logra en base al consumo de alcohol y drogas. Esa previa es una charla donde los participantes entran en una dimensión familiar, en una ligazón espiritual donde resulta natural el contagio mental, al cual aludía Max Ernst.

Pero existe una formulación muy interesante con respecto a esta práctica. Hay quienes postulan que toda la historia de la literatura no es más que una reelaboración continua de dos o tres temas fundamentales. Para Juan Rulfo, estos temas eran el amor, la vida y la muerte. Las diferentes creaciones literarias serían, según esta tesis, nada más que pequeños fragmentos de una gran obra, una sola obra colectiva (cadáver exquisito universal), que inconscientemente urdimos sumidos en la ilusión de la individualidad.

En cuanto al surrealismo (que es un proceso de creación individual), creo que es posterior a la práctica de cadáver exquisito. Y creo que su herramienta mental (o procesal) sí era el automatismo (escribir sin darle tiempo a la conciencia a que haga su actividad habitual de comparar, discernir, escoger, las imágenes y metáforas que serán escritas). Donde tengo mis dudas es en la procedencia de las imágenes surrealistas; no sé si del inconsciente o del subconsciente, entendiendo yo que el inconsciente es esa zona de la mente absolutamente incomunicada, donde los recuerdos se encuentran imposibles de recuperar; es decir, perdidos. Entonces, la única zona disponible que le queda a un poeta surrealista donde bucear para encontrar sus imágenes es el subconsciente.

El movimiento Dadá, por otro lado, no es para mí sino la utilización del collage , una técnica mucho más ingenua de rebelión ante lo racional, ante la tradicional forma de componer poesía. Sería como cortar trozos de frase sacadas fuera de contexto de libros, periódicos y/o revistas, para armar con ellos como un puzzle poético. Y creo que el movimiento Dadá, sí, precede al cadáver exquisito, si no estoy mal informado.

Estoy totalmente de acuerdo contigo en que para componer un poema con la técnica del cadáver exquisito se necesita desarreglar los sentidos con substancias estimulantes; y, agregaré, que también se necesita un grado de conocimiento, de amistad intelectual que lleve al contagio mental, entre los participantes. Esta técnica que a veces se practica en los foros, entre personas que carecen de química poética entre sí, es una práctica infantil que solo arroja resultados decepcionantes.

A mí me resulta aceptable eso que dices sobre la generación de un poema a partir del caos mental. Y creo que, no en vano, esta práctica ha perdido credibilidad y sentido. Entiendo el carácter lúdico que tenga, y el propósito de divertir; pero, son esas características las que yo deploro, porque para mí la poesía es algo serio, algo que debe encararse con toda seriedad. No niego que, en muchas ocasiones, he practicado estas técnicas de composición; pero, fueron, más bien, con carácter experimental, para conocer de motu proprio los intríngulis de la génesis.

Tu ensayo, amigo, da para mucho más. No deseo extenderme más, para no provocar ese “caos” que a veces ha surgido en nuestros intercambios: pero, te certifico que estoy de acuerdo sobre todo lo que manifiestas hasta el final, fundamentalmente en esto que dices:

“en cualquier poema como obra colectiva se producen pérdidas del espíritu poético”

Así, pues, la práctica del cadáver exquisito, me temo que, luego de practicarlo y comprenderlo, debe ser superada.

Un abrazo grande, y gracias por traer un tema interesante en nuestro archivo Alaire.
Óscar

Re: Cadáveres exquisitos, o no tanto

Mensaje sin leerPublicado: Sab, 16 Jun 2018 20:20
por Ignacio Mincholed
Saludos Pablo.
Me alegro que te haya parecido de interés. Desde unas visiones y otras vamos construyendo nuestra forma de pensar.
Un abrazo.



Óscar, voy a intentar precisar algunas puntos del asunto.

No diría yo, y de hecho no he dicho, que para la práctica del cadáver exquisito sea necesario el consumo de sustancias estimulantes de cualquier tipo. Que en la época mencionada estuvieran a mano y se consumieran con cierta desinhibición no significa que yo asigne necesidad alguna de su consumo para realizar el ejercicio. Me he limitado a señalar la presencia normalizada del licor y del vino en las tertulias.

Si en una reunión/tertulia tienes delante de ti una botella de vino y te solicitan que digas, sin detenerte a pensar, el nombre de una bebida (digamos de forma subconsciente) resultará muy probable que lo primero que se te ocurra citar sea el vino. Del mismo modo, si lo que estuviera encima de la mesa fuera un plátano y te solicitaran que nombraras una fruta es muy probable que dijeras plátano. Estaríamos ante un reflejo condicionado; esto es, un estímulo condicionado es muy posible que dé lugar a una respuesta condicionada, aspectos estos bien estudiados en sicología.

Es lo que he pretendido sugerir como razón posible para que el término vino apareciera como algo espontáneo en la práctica del juego. Igual que en el resto del análisis he indicado los posibles motivos del porqué aparecieron los demás términos. O sea, sugiero que las palabras que dieron lugar al resultado de la frase del cadáver exquisito obedecían a un reflejo condicionado.

No digo que no pueda reducirse todo a tres grandes aspectos: al amor, la vida y la muerte. Es más, puestos a reducir quedaría reducido a dos: la vida y la muerte. Digo dos porque el amor ya está englobado en la vida. Incluso podríamos reducirlo a uno, la vida, ya que la muerte es un concepto que sólo se puede tratar desde la vida. Pero, eso sería como decir que una vez leídos Cervantes y Shakespeare ya estuviera todo dicho. Desde ellos sólo nos quedaría deconstruir ese cadáver exquisito universal que citas. Sería un cadáver exquisito inverso, con una diferencia importante: partiríamos de un núcleo consistente.

No sabría yo decirte si hay alguna zona de la mente «absolutamente incomunicada», me inclino a pensar que no hay tal incomunicación. Otra cosa son los procesos mentales que dan lugar a derivaciones alternativas de conexión/desconexión. En mi opinión no existe el llamado automatismo puro ya que el entendimiento está condicionado por todo lo adquirido, además de los complejísimos procesos que operan en la memoria sobre los que la ciencia no se ha posicionado de forma determinante.

Gracias, Óscar, y un fuerte abrazo.