REFLEXIONES SOBRE EL POEMA

Aquí tendrán cabida discusiones y todo tipo de estudios sobre temas relacionados con el ámbito literario: técnica, oficio, valores poéticos, etc.

REFLEXIONES SOBRE EL POEMA

por Felipe Fuentes García » Jue, 08 Ago 2013 13:31

Las obras de arte son objetos sometidos en un momento dado a unas reglas estéticas y que acaban por conseguir ese estatus artístico. Digamos desde ahora, como no puede ser de otro modo, que el arte es una labor humana, es decir, no puede ser producido por una máquina, por ejemplo. Así que en el arte tender a la perfección es necesario, pero no suficiente. Por tanto, lo que luego serán obras de arte, en el momento de su creación son tan sólo propuestas que con el transcurso de un tiempo más o menos dilatado serán consideradas como tales obras de arte. Pero, ¿quién define esas reglas y con qué criterio se eligen? Los eruditos, los versados, los analistas, los críticos, en definitiva, los expertos crean un modelo estético, un patrón de exigencias, con el denominador común de las obras precedentes, al que han de someterse las obras candidatas para ser consideradas como un objeto de arte. Construyen tal modelo a partir, como digo, de un legado cultural consagrado en etapas anteriores, tratando de abarcar los aspectos comunes, las regularidades bajo las que se presentan y de incorporar los aditamentos del momento que son considerados o admitidos como “bellos”.
.Este proceso es el mismo cuando nos referimos, en particular, al arte poético. Los expertos tratan de abarcar las regularidades estéticas – incluidas las imperfecciones o licencias– de los poetas para configurar un conjunto de normas, un corpus doctrinal al que deben someterse las obras construidas con un determinado lenguaje para ser incluidas en la categoría de arte. Y para facilitar su estudio, clasifican en grupos a los autores y crean generaciones. El lenguaje poético es una construcción específica del lenguaje cuyo material es la palabra poética, siendo sus cualidades fundamentales, a mi modo de ver, la autenticidad, la singularidad, la literalidad y la durabilidad. El ‘poema’ es la obra de arte individual realizada con el lenguaje poético y que encierra un enigma. Por tanto, en el momento de ser escrito es una simple propuesta de poema, por más que “apunte maneras”. Es preciso el transcurso de algunas generaciones para que tal propuesta adquiera la consideración de poema. Así pues, convengamos que el poeta es, no ya la “persona que escribe obras poéticas” (a menos que delimitemos primero qué debemos entender por ‘obras poéticas’), sino “aquélla con capacidad o talento para escribir poemas”. En cada generación unas pocas personas adquieren esa condición. Los demás autores de poesía, por muy dedicados a la escritura que estuvieran, no pasarán de ser, en su futuro, más que unos meros artesanos de la palabra, versificadores o “versoetas”. Y así ocurre en todos los periodos. El poema –decía– encierra un enigma y éste es tan esencial en aquél que, si no existe el enigma, no hay poema. Hay cuestiones que, bien planteadas, tienen solución, pero el poema, mientras mejor “planteado” esté menos solución tiene, porque no hay manera de resolver el enigma. El lector de poesía lo busca con tenacidad: esa es la razón por la que un poema sea polisémico, que siempre esté llamando a su relectura. Ya P. Valéry decía: “Mis poemas tienen el sentido que se les dé”.
.Con la “aparente” incoherencia del poema, el autor transfigura la realidad, materializa con la palabra una intuición del mundo. Por eso, la poesía, en su hondo sentimiento es filosofía. Y no hay inconveniente en decir que la filosofía verdadera es poesía, pues ésta la abarca dentro de su ámbito, especialmente a la filosofía antisistemática o literatura reflexiva. Y la sistemática, a su vez y por su parte, invade el horizonte poético al volverse poética y narrativa, sobre todo a partir de Neitzsche. Así que la dilogía filosofía-poesía se arrastra precisamente desde Platón. Metáfora y concepto son dos formas distintas de percibir la realidad, pero la primera alcanza una cima a la que el concepto no puede llegar. El poema es un esfuerzo creativo del poeta que ahonda en el retorno del hombre a su estatus primigenio. En palabras de O. Paz este esfuerzo es “el acto mediante el que hombre se funda a sí mismo”. Según M. Zambrano, “El logos, -palabra y razón- se escinde por la poesía, que es la palabra, sí, pero irracional. Es, en realidad, la palabra puesta al servicio de la embriaguez. Y en la embriaguez el hombre es ya otra cosa que hombre; alguien viene a habitar su cuerpo; alguien posee su mente y mueve su lengua; alguien le tiraniza. En la embriaguez el hombre duerme, ha cesado perezosamente en su desvelo y ya no se afana en su esperanza racional. No sólo se conforma con las sombras de la pared cavernaria, sino que sobrepasando su condena, crea sombras nuevas y llega hasta hablar de ellas y con ellas. Traiciona a la razón usando su vehículo: la palabra, para dejar que por ella hablen las sombras, para hacer de ella la forma del delirio. El poeta no quiere salvarse; vive en la condenación y todavía más, la extiende, la ensancha, la ahonda. La poesía es realmente, el infierno". La capacidad del poeta para enunciar pensamientos sin necesidad de argumentación racional o lógica es a lo que Platón da el nombre sagrado de “inspiración”. Así el filósofo "dice" verdades pensando y el poeta "dice" verdades sin pensar, ya que está en un "estado de inspiración". Esta separación de los horizontes de la poesía y de la filosofía fue cuestionado ya por Nietzsche y Heidegger y, más actualmente por otros autores (como Gadamer, Deleuze, etc ) quienes han tratado de restablecer el concepto de verdad de la literatura.
.Pero volvamos al poema. ¿Qué circunstancias adicionales lo configuran como tal, es decir, como objeto artístico? Una de las principales es la transgresión, la imperfección respecto a la norma, la condición de sobrepasar el modelo, lo que es muy diferente, sin embargo, a simplemente incumplirlo. La preceptiva no puede abarcar la pléyade de imperfecciones de los poemas para construir un modelo monolítico, por mucho que incorpore en su seno un gran número de desviaciones o figuras. De modo que la realidad, no sólo es a la vez el punto de partida del modelo, sino que siempre lo supera. La transgresión a la que me refiero es la ‘imperfección premeditada’, la que marca los lindes de la libertad creadora. Esta circunstancia está en el borde mismo de la creación poética. Su manejo es un arma de dos filos: el ripio, la transgresión por incumplimiento del modelo, y el arte, la transgresión como medio para sobrepasar el modelo. Así, como ejemplo, el empleo de la imperfección concreta del antirritmo en el verso puede conseguir una meta artística insuperable (pensemos ahora en el verso “un no sé qué que queda balbuciendo” del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz), o bien ser la causa de un detrimento de la composición. ¿Y No debiera la propia preceptiva incorporar a sí estas imperfecciones o defectos que están fuera del conjunto de figuras? Sin duda no es posible, sería como encaminar a que el modelo fuera por delante en la creación. Por otra parte, ¿qué marca el camino para que el escritor se decante por la imperfección como herramienta del arte? La respuesta no es otra que la capacidad creadora, es decir el talento poético. Convengamos a este respecto que el contenido del poema no está en las cosas reales o ficticias, sino en la mente del poeta que las mira, estando capacitado poéticamente para comunicarlas a los demás. Los elementos que constituyen el fondo del poema son siempre, de un modo u otro, los mismos y abarcan fundamentalmente los valores antropológicos del hombre en su más amplia consideración. Es la forma, la manera de decir, la manera de componer el lenguaje poético lo novedoso, lo válido, el hallazgo que permite el legado.
.La elección creadora del lenguaje poético es pues clave en el ensamblaje del poema. Son muchos los elementos que lo configuran como tal. Me referiré ahora al uso del epíteto en poesía, es decir, al “adjetivo calificativo atributivo no restrictivo”, en palabras de G. Sobejano. En el poema no interesa que le adjetivo cumpla con la función que le asigna la gramática y que se reserva a la prosa, sino la transgresión o ruptura de tal función, lo que origina su consideración como desvío o figura. Solo así el poeta puede romper las barreras de la lógica y emprender su labor creativa. Esa ruptura de su función o figura del epíteto se produce habitualmente en dos direcciones: la redundancia y la impertinencia. La redundancia es tan sólo aparente, no es ramplonamente una tautología, pues toma el todo por la parte con repercusión en la función y en el sentido. Por tanto, es una figura. F. G. Lorca, por ejemplo, habla de “dulce miel” en ‘A Vicente Huidobro’; de “noche oscura” en ‘El cruzado’ y en ‘Elegía del silencio’; de “noche negra” en ‘Balada Interior’; de “luces claras” en ‘Alba’; de “verdes praderas” en ‘Un niño acaba de nacer’; de “caliente verano” en ‘A Carmela Cóndon’; de “remanso quieto” en ‘Cantos nuevos”; de “pámpanos verdes”, de “cicutas amargas”, de “plata brillante” y un largo etcétera. ¿Qué distingue la escurridiza frontera entre atributo redundante y el ripio? La respuesta vuelve a ser el talento poético. Pero si el epíteto alcanza carta de naturaleza en poesía es mediante la impertinencia. La combinación sustantivo-atributo en este caso origina un objeto nuevo, a menudo, inexplorado y sorprendente. Esta circunstancia facilita la labor del poeta. Los poemas atesoran notables combinaciones de este tipo, y vuelve a ser, dentro de la libertad, la capacidad creadora del autor la que define la diferencia entre el hallazgo y la asociación sustantivo-atributo espurio en la propuesta poética. En ambas formas de epíteto y en palabras de L. Carreter : ”El resultado más importante para la semántica consiste en probar que tanto la impertinencia como la redundancia aparentes del epíteto coinciden en referir el lenguaje poético a un destino común: la metáfora”.

Felipe Fuentes García
Última edición por Felipe Fuentes García el Vie, 23 Ago 2013 12:02, editado 19 veces en total
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por Hallie Hernández Alfaro » Jue, 08 Ago 2013 15:56

Felipe, he leído con sumo interés tu exposición. Brillante, didáctica y bienvenida.

La metáfora: reina, santa, amante, roca, iniciación, reliquia, vorágine. Todo cabe en ella o la justifica.

Muchísimas gracias por obsequiarnos tu valioso texto.
Última edición por Hallie Hernández Alfaro el Vie, 09 Ago 2013 19:51, editado 1 vez en total
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re: REFLEXIONES SOBRE EL POEMA

por Óscar Distéfano » Vie, 09 Ago 2013 19:24

Excelente ensayo, estimado Felipe. Coincido en todo lo que dices, encuentro empatía con mi visión poética. Lo único que me preocuparía es la interpretación de "enigma" que pueda hacerse. Comprender bien el significado de "enigma" es lo que nos ayudaría enormemente a converger en un sentido que no se desvíe del camino verdadero de la poesía. En el sentido que yo lo tomaría ninguna de estas acepciones del DRAE me convencen:

enigma.
(Del lat. aenigma, y este del gr. αἴνιγμα).
1. m. Dicho o conjunto de palabras de sentido artificiosamente encubierto para que sea difícil entenderlo o interpretarlo.
2. m. Dicho o cosa que no se alcanza a comprender, o que difícilmente puede entenderse o interpretarse.

En la primera acepción, el término "artificiosamente" me resulta insuficiente o falso para aceptarlo como principio de "creación de misterio".
Y en la segunda, personalmente, el sentido que yo le daría para adaptarlo a tu texto es el de aquella cosa que se comprende pero no se puede explicar. Digo esto bajo el riesgo de estar equivocado, a pura fuerza de mi intuición.

Un abrazo.
Óscar
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por Felipe Fuentes García » Sab, 10 Ago 2013 1:25

Gracias, Hallie, por tus alentadoras palabras.

Un abrazo.
Felipe
Última edición por Felipe Fuentes García el Sab, 10 Ago 2013 1:27, editado 1 vez en total
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re: REFLEXIONES SOBRE EL POEMA

por Felipe Fuentes García » Sab, 10 Ago 2013 1:26

[HR]
Hola, Óscar:

Gracias por usar el generoso apelativo de “ensayo” para estas “Reflexiones sobre el poema”. Son sólo puntos de vista personales, aunque creo que pueden ser compartidas por muchos aficionados a la poesía . El enigma está en el origen de la poesía, como sabemos. No es preciso alargarnos con esto.

Tienes razón, las definiciones encorsetadas como éstas que citas del D.R.A.E. a mí tampoco me convencen. Yo concibo el “enigma” como un “objeto poliédrico”, puede que no demasiado misterioso o mágico y a menudo contundentemente “palpable”, cuyas caras no nos es posible escudriñar en su totalidad. Lo menos importante es la motivación para la construcción de este objeto que, fuera ya de las manos del autor, la caja que lo contiene, perfectamente elaborada, sólo nos permite ver una o unas pocas de sus caras, no todas, como digo.

Sin símiles, lo expresaré con otras palabras y para simplificar, para mí “el enigma de un poema es la verdad que contiene”. Y hablo de poema en el sentido de mi exposición inicial. Aún queda delinear la pieza que encierra esta expresión que propongo: el término "verdad", lo que daría, me temo, para otras "reflexiones".

Un abrazo, amigo.
Felipe.
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