Un balcón hacia el oeste I

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Moderadores: Hallie Hernández Alfaro y Ventura Morón.

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Un balcón hacia el oeste I

por Ana García » Sab, 19 Sep 2020 23:38

Diario de Inés
Tenía un balcón orientado al Oeste. Y eso me bastaba. Era una buena señal.
¿Dónde hay que firmar?
Aquí mismo, aquí, y aquí... y la tinta corría a mares por las selvas de folios y papel vegetal. El aprendiz de ejecutivo sonreía y miraba el reloj. Luego cerró la carpeta y desapareció.
Me hubiera gustado invitarle a tomar café, pero se fue.
A mí sí que me apetece una tacita, pero no tengo claro si voy a encontrar una cocina por aquí, en mi nuevo hogar. Qué bien suenan estas palabras mientras abro puertas y respiro el olor agrio de la humedad encerrada en los pasillos, y escucho el dulce crujir de la madera añeja mientras se hunden los túneles de la carcoma.
Voy a sentarme en el balcón y a pensar. ¿Y en qué voy a pensar? En la irónica sonrisa del vendedor mostrándome los hermosos butacones Luis XVI que yo mandaré al trapero y que según él "solo necesitaban una ligera restauración". Y en lo sola que voy a estar.
Por eso me compré una casa tan grande, no encuentro otra explicación, el balcón orientado hacia el Oeste, y que el miedo me haga compañía.

Conversación telefónica
No insistas, si está loca es problema suyo, dos años con ella fueron suficiente, es mayorcita y puede hacer con su vida lo que quiera, así que no pondré un pie en... ¿echarle una mano? Los dientes me echará ella encima si me ve por allí, esa chiflada no necesita ayuda, ¿me oyes?, ¿lobos? Pobrecitos ellos si la pillan en uno de sus ataques.
No, no bromeo, si tanto te importa vete tú, yo tengo trabajo y cosas que hacer, ¿entiendes? Sí, sí ella es más dócil conmigo, blablabla. Déjame en paz, ¿me oyes? Olvídame.

Diario de Inés
Ya sé por qué se reía el vendedor. ¡Qué estúpido! Si llego a saberlo, ¡uf! No se le puede dar calor a esta casa, es imposible y ya sé por qué.
La leña arde
hasta las paredes parecen quemar
y todo está envuelto en luz dorada.
Veo sombras
y las paredes se separan del techo.
La casa se abre
como un enorme cubo de papel
y ya no hay quien pare a la noche.
Entra por todas las rendijas
y las paredes se vuelven espejos.
El suelo es otro espejo,
está helado.

No me queda otro remedio que hervir agua para empañar los espejos, y subir a mi balcón, donde aún hace calor, porque es el último lugar por donde pasa el sol. He aprendido a atrapar unos pocos rayos que se quedan enganchados en la verja para que me hagan compañía por la noche.

Pensamientos de Juan
No iré, por supuesto que no, ¡No!
Parece que todos se han contagiado de su locura, parece que yo también, parece que en algún rincón de mi mente queda un hueco ocupado por sus grandes ojos huidizos,
y ese recuerdo me mira,
me sonríe,
me atrapa,
me llama,
y cuanto más lo niego
con más dulzura implora mi nombre.

Tengo sueños extraños donde aparece ella y me despierto sin recordar nada, desnudo, mojado, olisqueando su lado de la cama, con los labios sabor a sexo.
Pero no voy a dejarme llevar de la pasión irracional o el miedo, es tan solo su locura, que se ha quedado conmigo.
Y puesto que reconozco su delirio, voy a librarme de él.

Diario de Inés
Hoy he vuelto a soñar con mi gatito, vendrá pronto, no, no importa cómo lo sé, el caso es que va a venir y la casa sigue igual de fría. No puedo recibirlo así, él es tan serio que se podría helar aquí dentro y no puedo convencerlo de que duerma conmigo en el balcón, pensaría que sigo estando loca.
Él necesita su mitad de cama, aunque luego acabemos mezclando las dos mitades, pero es que la casa está tan fría. He quemado toneladas de madera, he tapado las paredes de la habitación con barro para no verlas brillar así cuando llega la noche, pero es imposible.
La noche pasa como cristales rotos
que cubren el suelo.
Cuando el sol acaricia la verja del balcón
yo ya no puedo salir de él
porque la noche toma el resto de la casa
y me corta los pies.


Y cuando llegara mi gatito ya no querría calentármelos como antes.

Juan llegando a la casa
En cuanto vi la casa la reconocí. Muy de su estilo, por cierto, el clásico escenario que elegiría algún director novato para rodar una película con mucha sangre, fantasmas, sierras eléctricas y algún monstruo que otro. En fin, vamos a ganarnos la confianza de la pobre enferma.
—Inés, Inesita, Inés, sal tesoro, dile hola a tu amorcito.
Bueno, como es de esperar en los locos, tras abrir la puerta viene la primera sorpresa. Allí estaba ella, Inesita, radiante, con un vestido blanco. ¿O era un camisón? Con su pelo negro al viento, porque hoy hacía mucho viento. El cielo amenazaba tormenta, el aire estaba muy cargado, y allí estaba Inés corriendo descalza y medio desnuda entre la maleza que ella llamaba césped.
Cuando llegó a mí, se echó en mis brazos y me tiró al suelo riendo, abrazándome a ratos, acariciándome el pelo, besando mis manos, hasta que cayó rendida. Apoyó la cabeza en mi pecho y dijo dulcemente:
—Por fin has vuelto a casa, gatito.

Pensamiento de Inés
Me alegra tanto su llegada. Él dice que se irá pronto, pero no es cierto, se quedará conmigo para siempre. Esta noche nos despediremos juntos del sol.

Voz en Off
Mientras diferenciamos el sueño de la realidad.
¿Qué podrá pasar?
Cuando llegue el día
en que no sepamos distinguir
lo real de lo imaginario.
Seremos locos felices
en un mundo cuerdo
pero triste.

Última edición por Ana García el Dom, 20 Sep 2020 18:09, editado 1 vez en total
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Re: Un balcón hacia el oeste I

por Armilo Brotón » Dom, 20 Sep 2020 15:06

Un muy buena obra Ana, plagada de aciertos literarios a la que vendré a criticar con mayor tiempo y a la vez me servirá para participar más en este foro y leer las buenas creaciones que veo de los compañeros.
Un basazo
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Re: Un balcón hacia el oeste I

por Ana García » Dom, 20 Sep 2020 17:43

Llevo tiempo pensando en un cuento así, lleno de amor y locura. Saber que iba a ser largo me paraba los pies por si resultaba pesado. Pero has llegado hasta aquí y me encanta. Espero que el capítulo final te guste igual.
Sabes que no temo las críticas, es más, las agradezco.
Un besazo.
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