A la memoria de una pared semi destruida

Cuentos, historias, relatos, novelas, reportajes y artículos de opinión que no tengan que ver con la poesía, todo dentro de una amplia libertad de expresión y, sobre todo, siempre observando un escrupuloso respeto hacia los intervinientes.
Moderadores: Hallie Hernández Alfaro y Ventura Morón.

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A la memoria de una pared semi destruida

por Ana García » Dom, 06 Sep 2020 21:44

La botella contestó al borracho:
—Yo te escucho, vacíame.
No era un gran esfuerzo debido a la predisposición y preparación física. Se habían entrenado desde los catorce años. Su polideportivo se encontraba a la vuelta del instituto. Una tapia desconchada. La pared seguía inmóvil. Los graffitis, pintados a brocha gorda (la precaria economía de nuestro barrio no daba para aerosoles), no se cansaban de permanecer adosados a su pared. Sus ladrillos no han cicatrizado las heridas que nosotros provocábamos. Lanzábamos piedras contra nuestra tapia favorita, una diana imaginaria hacía las veces de simulacro de tiro al plato. El tedio nos hizo concebir a las piedras como nuestros juguetes, el tirachinas nuestras armas y la pared nuestro enemigo.
El tiempo nos devolvería, con creces, los disparos.
Algún señor nos decía:
"Gamberros. Esta juventud no respeta nada. Si yo fuera vuestro padre...".
En una de esas broncas que suelen echar los mayores, que no saben que las travesuras son ciclos vitales que se dan en todo hijo de vecino, fuimos denunciados al director de nuestro instituto. ¡Menuda la que se armó!
Las madres citadas por carta aguardaban en el estrecho pasillo que conducía al juicio por nuestras almas. El mucho ruido y pocas nueces se cumplió a la perfección. Las madres quitaron gravedad al asunto, éramos sus hijos y nos defenderían ante todo. La reunión con el director quedó en agua de borrajas.

Las dos primeras semanas fuimos cautos y dejamos de frecuentar nuestro lugar favorito. Pero la atracción de la pared nos hizo volver a reencontrarnos con nuestra dócil amiga...
... Y con el calimocho de marras.
—Pasa un trago, Felipe.
—Déjame, ¿no ves que estoy bebiendo?
—Si. Pero hemos pagado todos, ¿no?
—Toma anda, que a lo mejor se acaba.
Cuando el ambiente se caldeaba nos parecía observar que la pared temblaba. A veces las piedras poseen una mayor sensibilidad que los humanos.
La guerra nos pilló desprevenidos. ¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Qué nos ha pasado! ¿Nuestras gamberradas eran una falta de respeto a la sociedad?
¿Cómo hemos pagado nuestro indulto? La muerte en la guerra fue un alto precio. ¡Qué majestuosa clemencia la vuestra, hombres de bien!
¡Bondad, grandeza, patriotas! Se llenaban vuestras bocas con palabras grandilocuentes, mientras las tumbas se vaciaban una tras otra para ser habitadas por nuevos cuerpos.
El instituto fue la última habitación en la que pudimos ser niños, que mantenía una amistad fuertemente arraigada.
Nuestras piedras eran ahora fusiles, nuestras manos gatillos y nuestras dianas cuerpos. ¡Cómo ha cambiado la historia en beneficio de la ignorancia!
La sonrisa del cinismo es el arma del que vende tu cuerpo, como fue la del barbudo coronel:
"Firmen aquí y recojan los bártulos que les serán entregados en la segunda puerta a mano izquierda, gracias".
Qué amable de su parte, le debió costar mucho el soltarnos la tan sincera e ingenua palabra. La había manchado de hipocresía.
Juntos los cuatro amigos: Felipe, Jonathan y Alfredo (la verdad es que no sé cómo fue llamado a filas si no llegaba al metro y medio). Los cuatro magníficos, los cuatro...
Lo más desagradable, lo más molesto es el tener que recordar a mis amigos en esquelas. En paz descansen los cuerpos que soñaron ser hombres de bien. Porque las armas demostraron su puntería. Nunca fallan.
Y la que más lamenta la pérdida de mis amigos, es ella, la colega pared. Aunque le dábamos algún disgusto y fuera presa de nuestra cólera, ella prefería nuestros insultos a los improperios que le mostró la guerra. Unos pocos ladrillos aún logran mantenerse en pie tras la devastadora y aniquiladora caza del hombre.
Puedo oler el humo de los cigarrillos de Alfredo, esos que quizás no le permitieron crecer, siento las ásperas manos de Jonathan que empezó a trabajar muy pronto y tú, Felipe me estás pasando la botella. Estoy dando un trago al vacío porque no estáis.
¿Por qué castigan el consumo de María y legalizan la guerra?
Hubiera preferido ver sus nombres en la lista negra del director que no en las malditas esquelas. Su recuerdo será un tesoro y su alma un tránsfugo valor que caerá en manos de un paraíso lleno de graffitis pintados a brochazos.
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Re: A la memoria de una pared semi destruida

por Hallie Hernández Alfaro » Mar, 08 Sep 2020 15:40

Emotivo, muy bien llevado, cercano y hermoso.

Me ha encantado, Ana; gracias por estar.

Abrazo de los grandes.
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Re: A la memoria de una pared semi destruida

por Ana García » Mié, 09 Sep 2020 18:54

Gracias, Hallie.
Como decía la canción no son buenos tiempos para la lírica, con la que está cayendo es posible que nuestra vida no vuelva a ser la de antes. ¿Cuántos más van a morir antes de recuperar lo que hemos perdido? Da igual una guerra o un maldito virus. Estos inventos nos producen "golpes bajos" y nos dejan más solos que la una: sin besos, ni abrazos, ni reuniones...
De eso iba este cuento.
Un abrazo.
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